EL KING KONG DEL MAMBO

Manuel Felipe Sierra

Manuel Felipe Sierra

Fábula Cotidiana
Manuel Felipe Sierra
manuelfsierra@yahoo.com 
@manuelfsierra 

 

“Mientras íbamos juntos a almorzar al restaurant chino de la esquina de Bucare, él me hacía el cuento de cómo compuso ‘Simpatía por King Kong’. Se detuvo de pronto y se puso a cantarla a cielo abierto. Kiko llevaba décadas sin hacerlo en público, pero su voz seguía siendo afinada aunque nasal y dentuda; la misma voz de sus películas mexicanas de los años cuarenta y cincuenta”. Así cuenta Ibsen Martínez uno de sus encuentros con Cecilio Francisco Mendive Pereira, nacido el 22 de noviembre de 1919 en el barrio habanero de Los Sitios y mejor conocido para el mundo artístico y musical latinoamericano como Kiko Mendive.

 

Kiko Mendive

Kiko Mendive

La vida de aquel joven que se hace cantante y bailarín cobra fama cuando perteneciendo al conjunto “Los Jóvenes de la Crema” compone un mambo sobre King Kong, personaje que se robaba la pantalla de los cines. Un día se traslada a Ciudad de México y aparece al lado de Dámaso Pérez Prado, “el Rey del Mambo”, en el cabaret “El Oaxaqueño”. El nuevo género causaba furor en el cine, la radio y los bailes y aún no ha muerto para los melómanos de casta. Ahora la vida de Kiko es novelada por quien compartió con él las tribulaciones de los estudios televisivos y hubo de conocerlo además, ya castigado por la pobreza, como recolector de yuca en el mercado de Quinta Crespo.  Se hicieron amigos y por aquello de la “jalada” lo llamaba Kiko Malanga. En esos días, quien fuera famoso personaje cómico del cine y la televisión, no se imaginaba que estaba aportando las claves para que Martínez construyera un sabroso texto de sólo 166 páginas: “Simpatía por King Kong”.

 

Ciertamente, es una novela porque apela a la ficción, pero también es un reportaje del mundo de la televisión y de la Venezuela de los años 80 y 90, que el 27 de enero de 1989 vivió el estallido del Caracazo y además, un agudo vistazo crítico a los primeros días del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando Martínez cumplía con la penitencia cotidiana de ser guionista de telenovelas. Pero se podría leer también como un relato autobiográfico de quien ha ejercido de manera intensa como periodista, dramaturgo, novelista, guionista de televisión, ensayista, además de ser conocido por su elocuencia en las tertulias de la barra.

 

En 1940 ya Mendive se convierte en una figura estelar en los mejores años del cine mexicano. Carlos Fuentes, en su novela “Los años de Laura Díaz” lo retrata como un hábil saltarín en los escenarios de Ciudad de México. Eran también más que conocidas sus películas al lado de las bailarinas de moda María Antonieta Pons y Ninón Sevilla, y actuando para directores de orquestas de la talla de Luis Alcaraz, Humberto Cané, Yoyo Casteleiro, Rafael Hernández, Miguel Pazos, Dámaso Pérez Prado, Homero Jiménez, Silvestre Méndez, Arturo Nuñez, Memo Salamanca y Juan Bruno Tarrasa.

 

En 1952 visita Caracas junto a Olga Guillot y el pianista puertorriqueño Noro Morales para presentarse en la radio y en locales nocturnos. Volvió a México, pero en 1956 regresó para quedarse. Su amigo y músico Alberto Naranjo escribe: “no está claro cómo ni por qué Mendive escogió a Venezuela para radicarse, es posible que haya sido por la llegada de Ignacio Guerra “Cascarita” su competidor a México, cuyo ambiente estaba ya congestionado por decenas de intérpretes parecidos (Tony Camargo y Yeyo, entre otros) y Venezuela entonces presentaba más oportunidades, era tierra virgen”. Ya en Caracas labora en radio, bailes y grabaciones, populariza su imagen en televisión en el programa de RCTV “Media Jarra Musical”, cuyo anfitrión era Luis Alfonzo Larrain al frente de su orquesta; y graba discos además con Eduardo Cabrera, Aldemaro Romero, Chucho Sanoja y Porfi Jiménez. Con el tiempo se refugia como “destajista” en el espacio Radio Rochela, que si bien le generó simpatía popular, asoció su imagen a la de un simple comediante, más bien “chabacano”.

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Martínez, empleando los recursos de un buen guionista, incorpora a Kiko Malanga al terremoto social del 89, haciendo de él parte de los saqueos que sectores populares y de clase media realizaron en barrios y zonas estratégicas de la ciudad.  Sin medios económicos, Kiko habría participado en la toma de una tienda de música para apoderarse de un teclado y al ser descubierto, emprendió una huida que después de unas horas, lo colocó en las cercanías del 23 de Enero, donde fue alcanzado por el disparo de un francotirador. Después de una patética agonía, habría muerto a los pocos días acompañado sólo por tres amigos que musitaban el viejo mambo de King Kong. En el capítulo siguiente, el novelista encuentra espacio para reconstruir los años de Kiko en Cuba y en México y el ambiente de la música popular (de hecho Ibsen es músico) como el mambo, el guaguancó, la salsa y también la vida de compositores y cantantes de la época, que según Guillermo Cabrera Infante eran “desclasados sin remedio”.

 

“Simpatía por King Kong” es un libro que combina diversas formas de lectura, tanto que las páginas dedicadas a la música caribeña le permitirán al autor en los próximos días, llevarlo a un espectáculo teatral que le mostrará al público el rescate del famoso Kiko Malanga y por supuesto, también de Pérez Prado, el inmortal “Rey del Mambo”.

 

(*) En la vida real, Cecilio Francisco Mendive Pereira, falleció como consecuencia de un enfisema pulmonar, en el más completo estado de miseria en el Hospital Universitario de Caracas el 5 de abril de 2000. 

 

manuelfelipesierra.blogspot.com

 
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