Se ruega no improvisar

Peter K. Albers

Peter K. Albers

Peter Albers 
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

 

Hace ya más de dos meses se desplomó la sección de sanitarios que atendía al público de los tendidos del lado sur de la Plaza de Toros. Ya venía presentando fallas que requerían una atención que no se prestó a tiempo. A raíz del accidente, se creó una comisión que debía atacar el problema, estudiando las causas del desplome y la forma idónea de reconstruir el sector colapsado. Alguien, a quien conozco desde la época de la construcción de la Plaza de Toros, me contactó telefónicamente para pedirme mi participación en dicha comisión, a lo cual accedí. Posteriormente, en una entrevista que me fuera hecha para otro diario local, puse como condición para participar en esa comisión, que fuera integrada por profesionales idóneos, debidamente acreditados en los respectivos colegios profesionales, pues se trataba de un problema estrictamente técnico. Lo cual no excluía a profesionales empleados de la Alcaldía o Fundatur, que representaran al organismo responsable del mantenimiento y administración del inmueble, propiedad del municipio.

 

Debo aquí aclarar que me une con la Plaza de Toros una especial relación, siendo que en el nivel profesional se me identifica con ella, y ya casi me es como una tarjeta de presentación. Pero solo es otro proyecto más de los realizados en mí ya larga carrera profesional.

 

Un cliente confía un proyecto a un arquitecto; éste realiza su labor según su capacidad y entrega los planos y demás documentos requeridos; el cliente le paga sus honorarios (no siempre) y de allí en adelante la relación cliente-arquitecto se reduce a lo que en mercadeo se denomina “servicio post-venta”. En el caso de inmuebles privados, a pesar de que teóricamente la creación es propiedad intelectual del arquitecto, el cliente puede hacer lo que mejor le parezca con su propiedad. Pero en el caso de inmuebles públicos, como es el caso de la Plaza de Toros, el cliente, o sea el ente municipal, no puede hacer con ella lo que le dé la gana, pues sencillamente no es el alcalde su propietario, sino su administrador, y debe hacer buen uso de ella, y velar por su mantenimiento, por delegación de los verdaderos propietarios, que son los contribuyentes. Que para eso lo eligieron…

 

Y al mencionar al alcalde, no intento personalizar el cargo. Quienes antes lo ocuparon (antiguos presidentes del Concejo Municipal incluidos) eran y son responsables por la buena marcha de tan costoso inmueble, y de administrarlo de la mejor manera posible, de manera que produzca ingresos y no gastos. Que no se convierta en un “elefante blanco”, como una vez lo tildara un torero que no pudo despertar suficiente interés como para llevar gente a verlo. Muchas otras actividades, además de corridas de toros, pueden realizarse en la Monumental. Cuando hicimos el proyecto de remodelación, en 1968, propusimos que se le cambiara el nombre por “Coliseo de Valencia” o algo así, que la desvinculara de la taurina como actividad única y exclusiva. La construcción de una cubierta ayudaría a que pudiese celebrarse todo tipo de eventos en cualquiera época del año, pero esa obra no puede llevarse a cabo sin la autoría, participación o anuencia de sus creadores y propietarios intelectuales.

 

Que esos seamos precisamente nosotros es meramente circunstancial: se trata de hacer lo correcto, en resguardo del patrimonio municipal…

 

 

 
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