DAMNATIO MEMORIAE

 

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez

Daniel Lansberg Rodríguez
@dlansberg

 

He posado mis ojos sobre la muralla de la dulce Babilonia, que es una calzada para carruajes, y la estatua de Zeus, y los jardines colgantes, y el Coloso del Sol, y la enorme obra de las altas Pirámides, y la vasta tumba de Mausolo; pero cuando vi la casa de Artemisa, allí encaramada en las nubes, esos otros mármoles perdieron su brillo, y dije: aparte de desde el Olimpo, el Sol nunca pareció jamás tan grande…”

 

Antípatro de Sidón,
progenitor de la lista de “siete maravillas del mundo”,
describiendo al Templo de Diana en Éfeso

 

Eróstrato

Eróstrato

En el año 356 a.C., Eróstrato, un pastor éfesiano frustrado con el anonimato de su existencia, se dio a la tarea de hacer su nombre inmortal. Para lograrlo, este decidió incendiar al Templo de Diana, una incomparable estructura, celebrada como la más bella de las siete maravillas del mundo antiguo, bajo la lógica que, al destruir algo tan preciado, al menos su nombre pasaría a la historia y sería recordado por siempre.

 

Después de llevar a cabo su plan, y con el templo reducido a cenizas, Eróstrato confesó ser el autor de lo ocurrido, explicando además, por qué lo había hecho. Los líderes y sabios de la ciudad decidieron que, además de sufrir la pena de muerte, el crimen de Eróstrato había sido de tal magnitud, que éste merecía ser borrado por completo de la historia: asegurando así, que el ignominioso incendiario no pudiera lograr su propósito a través de su plan diabólico.

 

De esta trágica ocurrencia salió la práctica de “Damnatio Memoriae” en la cual la memoria de algún individuo -con frecuencia emperadores o líderes sucedidos por enemigos- se les administraría una especie de segunda muerte tras su muerte inicial: la cual se ejecutaba mediante la eliminación total de registros, imágenes, monumentos y escritos que lo incluyeran, así como la prohibición de ser mencionado en cualquier conversación.

 

323 globovision-camara_jpg_520_360_thumbLa práctica permaneció por muchos años. Emperadores romanos como Nerón y Cómodo sufrieron el mismo destino que Eróstrato, tras sus derrotas y muertes. En la modernidad otras figuras derrotadas, Juan Perón tras su caída en 1955, y el ex-dictador egipcio Hosni Mubarak, en la actualidad, en su manera fueron condenados a lo mismo: sucesores dedicándose a borrar sus memorias a través de la ley.

 

Milan Kundera, en su inolvidable “El libro de la risa y el olvido” explica la manera como, durante la época del comunismo autoritario en el este de Europa, la misma dinámica ocurría. Kundera, relata la historia de un camarada político llamado Clementis que solícitamente puso su propia gorra sobre la cabeza del presidente checo Klement Gottwald durante una función pública, la cual se llevaba a cabo un día frío en 1948. Clementis fue ahorcado cuatro años después por traición, y borrado de las historias oficiales, así como de las fotos de ese día. Según Kundera: “Todo lo que queda de Clementis es su sombrero prestado, sobre la cabeza Gottwald.”

 

323 Templo_de_Diana_Merida_Vista_FrontalLo interesante en todos estos casos, es que el damnatio memoriae no funcionó. Tanto Nerón como Perón, permanecen como grandes figuras de la historia mundial y hasta el nombre del mismo Eróstrato sigue con nosotros mientras que los de sus verdugos resultaron ser perdidos a la historia. Una búsqueda del nombre “Gottwald” por vía de Google imágenes, muestra la famosa foto con el sombrero entre los primeros hits: Clementis ya reaparecido en la foto.

 

El mensaje de la historia está claro. Matar es fácil. Hacer olvidar, es algo más complicado. La historia puede permanecer durmiente en los corazones de un pueblo por décadas, y tras generaciones de silencio obligado. Veamos, por ejemplo, los esfuerzos por parte del oficialismo para contaminar la memoria de José Antonio Páez, el cual sigue presente como figura heroica en el recuerdo de muchos venezolanos.

 

Ahora, con los recientes cambios en Globovisión, y cinco años tras el cierre de RCTV, el panorama mediático de nuestro país ha cambiado. Por muchos años Globovisión –pese a todas sus faltas- ha presentado una perspectiva política y económica –pero además histórica- que los medios estatales no se atreven mostrar.

 

Pero estos cambios llegan en un momento en el cual su pérdida me atrevo a decir, no resultará ser fatal. Por primera vez en más de una década, el oficialismo se encuentra actuando desde una posición de debilidad y no de fuerza. Además nuevas tecnologías como las redes sociales, el internet y el cable, permiten acceso a fuentes de comunicación que permanecen abiertas y -en su mayoría- bastante libres. Internet no olvida.

 

La desaparición fotográfica de Clementis

La desaparición fotográfica de Clementis

Gobiernos mas diabólicos, mas dedicados y mas competentes que el nuestro han intentado controlar la historia, y fracasaron. Sin embargo, será responsabilidad de cada venezolano no dejarse silenciar. En eso existe un reto, pero también una oportunidad. Globovisión ya no será la voz de la conciencia, recordando a los venezolanos los incontables fracasos, excesos y crímenes de nuestro régimen actual.

 

Nosotros los recordaremos mejor

 

 

 

 
Daniel Lansberg RodríguezDaniel Lansberg Rodríguez

Artículos relacionados

Top