EL AUGE DE LAS AMÉRICAS

Joe Biden

Joe Biden

Joe Biden*

 

“En definitiva, todas estas oportunidades económicas dependen de las protecciones democráticas y la seguridad de los ciudadanos”

 

La semana pasada, durante un viaje de cinco días por América Latina y el Caribe, visité un cultivo de flores en las afueras de Bogotá, Colombia, a una hora por carretera del centro de la ciudad, algo que hubiese sido imposiblemente peligroso hace 10 años. Por el camino, pasé por parques industriales, cines y barriadas, intercalados con pequeños ranchos y negocios familiares. En la plantación de flores, la cuarta parte de los trabajadores son mujeres, cabezas de familias. Los claveles y las rosas que se estaban cortando allí llegarían a los establecimientos en EEUU en pocos días, libres de impuestos.

 

Lo que presencié en el cultivo de flores fue solo un aspecto indicativo del florecimiento económico en el año desde que entró en vigor el tratado de libre comercio de EEUU con Colombia. Durante ese período, las exportaciones norteamericanas al país han aumentado un 20%.

 11 Collage Energia America

La experiencia de EEUU con Colombia refleja en todo el hemisferio occidental un auge económico mayor que les ofrece muchas oportunidades interesantes de alianzas a los negocios norteamericanos.

 

En Río de Janeiro, me reuní con líderes empresariales brasileños y estadounidenses, que representan los sectores aeroespacial, energético, de la construcción y manufactureros, que presentaron una extraordinaria visión para la prosperidad que abarca todas las Américas. Dejaron claro que actualmente América Latina es una región transformada. Las elecciones que antes eran excepciones ahora son mayormente la norma. En un número creciente de lugares, los conflictos entre la izquierda y la derecha han dado lugar a gobiernos pacíficos y prácticos. Y, en el proceso, la clase media de América Latina ha crecido un 50% solamente en la última década. Según algunas estimaciones, el hemisferio es casi del tamaño de la de China.

 

Existe un potencial enorme, tanto económico, como político y social para EEUU en sus relaciones con los países del hemisferio occidental. Así es que la administración de Obama ha emprendido el período más prolongado de participación de EEUU con las Américas, incluyendo el viaje del Presidente a México y a Costa Rica el mes pasado; mi propio viaje reciente a Colombia, Trinidad y Brasil; la participación del secretario de Estado Kerry en la reunión anual de la Organización de Estados Americanos en Guatemala; la visita del presidente de Chile a Washington esta semana y una visita planeada por el presidente de Perú a Washington. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, llegará a Washington en octubre. Será su primera visita desde la reelección de Obama.

 

A medida que los líderes de la región se esfuerzan por sacar a sus ciudadanos de la pobreza y por diversificar sus economías del crecimiento impulsado por los productos básicos, EEUU cree que la gran promesa, tanto para los estadounidenses como para nuestros vecinos, radica en una mayor integración y apertura económica.

 

El proceso está más adelantado de lo que pueda sospecharse. No solo está EEUU solidificando lo que ya es una relación comercial de billones de dólares con México y Canadá, sino que también tenemos acuerdos de libre comercio que se extienden prácticamente de manera continua desde Canadá hasta Chile.

 

Uno de los acontecimientos más prometedores es la Alianza del Pacífico entre Chile, Colombia, Perú y México, establecida hace un año. Ese pacto, que incluye a cuatro de los países de más rápido crecimiento en la región, ahora encuentra que naciones de todo el mundo desean participar o desempeñar una función positiva de apoyo. Nosotros somos una de esas naciones.

 

Al comprometerse a reducir los obstáculos comerciales y a integrar los intereses diplomáticos y comerciales, los miembros de la alianza demuestran que el pragmatismo, y no la ideología, es el secreto del éxito. El esfuerzo también sirve para recordar las fuertes conexiones que existen entre la optimización de nuestra participación en este hemisferio y nuestro reequilibrio en Asia-Pacífico.

 

Para Brasil, como para EEUU, una de los más importantes retos es la energía. Con los biocombustibles, las reservas de petróleo en alta mar, el gas de esquisto y la energía hidráulica, Brasil es rico en energía, y eso tiene consecuencias extraordinarias a nivel mundial. Brasil ya es un destacado experto en energías renovables y extracción en alta mar, pero nuestros países pueden avanzar más si colaboramos mutuamente. Tras reunirme con la presidenta Rousseff, sé que Brasil está igualmente comprometido con una alianza energética.

 

En definitiva, todas estas oportunidades económicas dependen de las protecciones democráticas y la seguridad de los ciudadanos. A través de la Carta Democrática Interamericana, las naciones del hemisferio se comprometieron a promover y defender la democracia representativa; ese compromiso sigue siendo tan importante como hasta ahora para el éxito de las Américas. Y desde México hasta el Caribe y Colombia, mantenemos firmes alianzas de seguridad a largo plazo.

 

EEUU continuará apoyando a Colombia a medida que intenta poner fin al conflicto más duradero en las Américas e inspira a otros países en la región a vencer sus propios retos.

Eso va a requerir algunas conversaciones honestas, como la que tendrá lugar la semana que viene en la Asamblea General de la OEA, sobre política de las drogas. Igualmente, muchos países tienen inquietudes reales sobre las armas que proceden de EEUU y están enojados con nuestra política penal de deportación por su falta de transparencia. No evadiremos esas difíciles discusiones.

 

Aquí en casa, tenemos que reformar nuestro sistema de inmigración porque es lo que debe hacerse por nuestro propio país. Pero esto también fortalecerá nuestra posición en el hemisferio. El éxito en las relaciones internacionales, como en toda relación, se basa en el respeto. Y reconocer plenamente el potencial de estas nuevas relaciones requiere tratar con respeto a la gente de otras naciones que vive dentro de nuestras fronteras.

Los cambios que están ocurriendo invitan a EEUU a considerar a América Latina y al Caribe de una manera muy diferente. La pregunta definitoria para la política de EEUU deja de ser “¿qué podemos hacer por las Américas?”, y pasa a ser “¿qué podemos hacer juntos?”

 

En la década de 1990, imaginamos una Europa unida, libre y en paz. Actualmente, creo que podemos visualizar una región de las Américas que sea mayormente de clase media, segura y democrática, desde el círculo polar ártico hasta la Tierra del Fuego y en todos los demás lugares entre esos puntos.

 

*Vicepresidente de los Estados Unidos.

@ELNUEVOHERALD

 

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