El país luce desenfocado

 

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez Mondragón

Alfredo Yánez M.

 

Las apariencias engañan. Al poder político solo le queda apelar a la supervivencia

 

Cada quien por su lado, en ejercicio pleno y diáfano de aquella máxima que indica “sálvese quien pueda”; así marcha este país, sumido en la ilegitimidad de sus instituciones, en la falta de credibilidad, en la desconfianza; en las proclamas interesadas y en la angustia colectiva por un futuro difuso; a la luz que se proyecta desde este presente sin foco.

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El poder político, contra las cuerdas por la fuerza de los hechos, no vislumbra el panorama. Viven según la circunstancia, y la visión, por más que intenten presentarla como global, se les reduce a su entorno; llevando la situación día a día; sin rigor; al mejor estilo de quien se siente sin mañana.

Los dislates son incalculables. Los hay locales, regionales, nacionales e internacionales, inoculados, manipulados y grabados.

El poder político se redujo a su supervivencia, a extender la arruga la más que puedan, a intentar bien morir, en un pantanal producto de sus propias miserias.

En la acera de enfrente, la paciencia luce incómoda; aunque cada segundo invertido demuestre que no por mucho madrugar amanece más temprano.

El secuestro de las instituciones está denunciado y cada día presenta al país y al mundo pruebas incontestables de ello. El foco, difuso pero presente, está puesto en el rescate de esa institucionalidad perdida. Ya no se trata de la ilegitimidad de origen de un hombre en un cargo. El objetivo está en deslastrarse de la satrapía que aún se aferra al peor de los fraudes; al que va contra un pueblo y su deseo de convertirse en nación próspera, de progreso y desarrollo.

Las angustias hacen que el país luzca desenfocado; pero si se advierte bien, ahora más que nunca las apariencias engañan.

 

@incisos

 

 
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