SOBRE GLOBOVISION

Macky Arenas

Macky Arenas

 

Macky Arenas
@MackyArenas

 

Cuando se anunció la venta de Globovisión, confieso que se agolparon en mi mente muchos años de trabajo, de angustias, de realizaciones y de esperanzas. Pero, con franqueza, no me tomó por sorpresa. Para todos los que allí hemos compartido dichas y sinsabores no podía ser un “tubazo” el cambio de manos del canal, sencillamente porque eso estaba decretado desde el momento en que este gobierno nos declaró “objetivo revolucionario”. Y eso ocurrió hace unos cuantos años para desembocar en lo que hoy se ha hecho realidad. No haberse paseado por esa posibilidad es, más que una irresponsabilidad, una insensatez.

 

Una cosa es salir de un canal por conveniencia y otra dejar una empresa porque se hace imposible de operar. Una cosa es cuidar hasta el final lo que desde siempre ha sido, un proyecto asumido como responsabilidad civil, de patria, y otra acceder a una “digna quiebra”. Cuando se alzaron voces, como la de Correa en Ecuador, que pretendían convertir a los medios en una actividad ajena al lucro para anexarla a los negocios y la hegemonía de Estado, ecos muy autorizados se dejaron escuchar, en los más reconocidos escenarios, para reivindicar el sentido y misión de la labor comunicacional – actividad propia de la iniciativa privada- como una garantía de su servicio independiente a la sociedad, al margen del gobernante de turno.

 

Guillermo Zuluoaga

Guillermo Zuluoaga

En Venezuela, bajo este régimen y a estas alturas, sólo existen tres alternativas: plegarse o desaparecer. Plegarse siempre fue impensable para Globovisión. Significaba claudicar nuestra línea editorial y eso nunca fue una opción. Ello supuso soportar una seguidilla interminable de averiguaciones administrativas, procesos judiciales, multas impagables, acoso ininterrumpido, hostilidad sostenida verbal y física, además de persecuciones desde el poder sin principio ni fin. Los sobrevenidos detractores de Guillermo Zuloaga, encubiertos o manifiestos, no habrían soportado una semana de los años que él resistió. Aparte de todo esto, teníamos un deadline con el vencimiento de la concesión, así como un dardo en el corazón: la exclusión de la parrilla digital. Quedaba sentarse cómodamente ante un televisor a esperar el apagón analógico. Guillermo Zuloaga no iba a hacer eso ni tiene nadie derecho a pedírselo.

 

El obligado exilio del Presidente de Globovisión nos colocaba en desventaja. A nadie se le puede pedir que gerencie una empresa de 500 empleados, hostigada desde todos los flancos, a distancia. No obstante lo intentó y se hizo por un tiempo tan largo como la incertidumbre que gravitaba sobre el canal. Aún, colocó en riesgo el cierre de la negociación el exigir cumplir con la pasada campaña electoral hasta el final. Su hijo Carlos Alberto hizo un dedicado trabajo, pero se enfrentaba a un dictamen perverso: los Zuloaga debían dejar el canal, so pena de enterrarlo con ellos.

 

Era el momento de pensar, como capitanes de empresa, sobre dejarla naufragar o ejecutar una maniobra de salvamento y mantener los empleos y la empresa a flote. Hoy, la ventana sigue abierta. ¿Por cuánto tiempo? El tiempo dirá. Así es en autoritarismo, por si alguno duda del estatus político en este país.

 

Guillermo Zuloaga estuvo en la presidencia de Globovisión por casi dos décadas. Durante ese tiempo es mucha la causa que se defendió, mucha la gente que se cobijó bajo ese paraguas solidario, mucha la iniciativa que floreció a la sombra de ese amparo, mucho el empresario, el político y el ciudadano que encontró asidero en una pantalla que se diferenciaba claramente de aquellos pasquines cautivos que alumbraban otros focos.

 

Guillermo Zuloaga nunca vaciló a la hora de hacer frente a las arremetidas del poder que pretendían silenciar las voces independientes. Llevó adelante esa lucha dentro y fuera del país. Jamás dudó cuando  tuvo que dar la cara representando a “la ventana que quedaba”…ni por un instante se quebró en las coyunturas en que otros flaqueaban porque no tenían músculo para responder o no veían conveniente asomar la nariz. Siempre tendió la mano a todo el que sentía que otras se le escondían. En cuanto a nosotros, quienes con él compartimos labores, ninguno puede decir que fue limitado, mediatizado o disminuido en sus posibilidades por una discrepancia, una vacilación o una duda a la hora de responder. Antes por el contario, de él solo recibimos estímulo y oportunidades.

 

18 GlobovisionMe resulta imposible no salir en su defensa ante tanto detractor desconsiderado, ante tanto acusador palurdo, ante tanto sepulcro blanqueado con pretensiones de inquisidor trasnochado, ante tanto francotirador con bala de salva. Ante tanto oportunista de baja calaña. Ante tanto desagradecido.

 

Guillermo Zuloaga mantuvo una empresa que por casi dos décadas logró cambiar el mapa comunicacional del país. Globovisión fue el primer canal que hizo de la noticia la protagonista de las 24 horas del venezolano. El canal que cambió la percepción que teníamos de nuestra cotidianidad. La pantalla que nos convirtió en protagonistas y “hacedores” del día a día que nos tocaba vivir. Guillermo Zuloaga, aunque  no gustaba de los primeros planos, estaba detrás de cada acometida, de cada éxito y asumía cada traspié con el mismo coraje y la misma reciedumbre con que hizo frente al momento final…porque todo tiene un final. Y el final llegó cuando ya no se podía más. Ignorarlo es negar que existen límites y que esos límites están establecidos cuando las condiciones de posibilidad se extinguen, bien sea porque se agotan los escenarios o no se cuenta con apoyos. Los niveles de incomprensión que se han puesto de manifiesto nos sitúan en la disyuntiva de considerar si, después de todo, no debió haber tomado antes esa decisión. Cada quien tendrá, en su conciencia, al cabo de 18 años, algo que reconocer a la Globovisión de Guillermo Zuloaga.

 

Globovisión no será más la misma. No es realista pretenderlo. Si proclamamos y respetamos la propiedad privada, es preciso asumir que hoy Globovisión tiene nuevos dueños. Gente que adquirió un canal y llegó con sus propias ideas y su propio proyecto, para bien o para mal. Pero mientras allí permanezcan compañeros que por años compartimos el mismo sueño, me será vedado arremeter contra ese canal. No es legítimo, no es ético, no es consecuente. No es cabal.

 

Pretender calificar lo que Zuloaga obtuvo por la venta del canal es atribuirle al dinero una dimensión ética. El dinero no es bueno ni malo. Es dinero.

 

Todo depende de si quien lo toma lo merece o no. Guillermo Zuloaga merece  una retribución por la inversión que hizo en el canal, por el riesgo que tomó y por las dos décadas durante las cuales resistió. Fue mucho el empleo que generó y  mucho el que se benefició directa o indirectamente de esa inversión. A nadie le pidió y a nadie reclamó. Antes bien, resarció a quien tuvo que hacerlo. Sospecho que más bien perdió. Por lo que hubo de apuntalar en las malas rachas en relación a lo que finalmente recibió. Ignoro detalles, pero sus trabajadores están en sus puestos y segura estoy que no debe nada a nadie. En un país con historial de gente que se va “con la cabulla en la pata”, pocos derechos y gallardos como Guillermo Zuloaga.

 

En verdad me espeluzna leer y escuchar  a quienes se rasgan las vestiduras porque Zuloaga tomó una decisión gerencial en el momento en que consideró debía tomarla. O a quienes tienen la osadía de cuestionar la personalísima decisión de irse o permanecer en el canal. Unos, desmelenados, salen al público sin meditar, desmoñados y presurosos a usar la tinta roja. Otros, zigzagueantes y  sibilinos, murmuran en pasillos lo que no se atreven a decir públicamente, quizá porque por allá, en el fondo de su conciencia, se saben profundamente injustos. Pero, ciertamente, todos víctima de esta especie de extrañamiento, de desarraigo que se adueña las conciencias en un país que se nos ha hecho ajeno, que impide ser solidarios con el que resiste hasta que ya no le es posible…sin siquiera tener la cortesía de reconocer lo que hizo hasta cuando pudo. Hasta los efectivos de los más despiadados ejércitos cargan al lomo con el compañero que cae a su lado y le aseguran digno descanso. En esta Venezuela revolucionaria vivimos como con el alma abollada y la involución, la desproporción, ha conseguido que ignoremos la circunstancia  de cada quien y lo lancemos al escarnio público de la manera más cruel -como proyectando propias tragedias- hasta ser indiferentes al drama personal del que sale del juego. Por eso hacemos más difícil ganarlo.

 

La dictadura es la misma para todos. Si hay quienes hacen negocios con el gobierno y se han enriquecido hasta lo inimaginable; si hay quienes sucumbieron  sin pelear; si hay quienes tuvieron que dejar el país; si hay quienes subsisten pasando bajo la mesa; si hay quienes no acercan sus dólares esperando tiempos mejores; si hay quienes persisten  sin molestar al gobierno… ¿por qué no juzgar con alguna benevolencia a quien no rindió jamás su línea editorial? Como empresario no podía resignarse a una “digna quiebra”…  ¿o ese es el modelo que el régimen impone y vamos a seguir?

 18 Globovision Collage

 

Declaro mi inalterable admiración, respeto y amistad por Guillermo Zuloaga. Sé que muchos de mis compañeros comparten este sentimiento porque valoramos lo que hizo y comprendemos lo que tuvo que hacer. Hay mucho extremista vociferando que palidece ante el historial cuajado de realizaciones y también de agresiones contra Guillermo Zuloaga. Mientras unos acumulaban ganancias, habidas de un día para otro, Zuloaga luchaba por mantener al aire un canal que señaló caminos en este país, sin un céntimo del gobierno. El día en que botemos el lastre de tanto barril de mezquindad, de seguro encontraremos caminos para el diálogo franco, respetuoso y hasta fraterno.

 

Igualmente, me resulta difícil digerir cómo es posible que Leopoldo Castillo haya sido, hasta antier, un ancla digno de la más elevada consideración y, por aceptar fungir de vaso comunicante entre los nuevos dueños y los trabajadores del canal amanezca, de un día para otro, como blanco de los mayores improperios. Me alarma la desconsideración de que es objeto. Leopoldo ha sido y es una referencia indiscutible dentro y fuera del canal. Se lo ha ganado a fuerza de trabajo y de consecuencia. Su decisión es tan autónoma y respetable como aquella de quienes han resuelto separarse del canal. Su opción es legítima y le asiste todo el derecho. Tomarla y asumirla con valentía, en medio de obvias incomodidades, no lo convierte en un ser a quien hay que hostilizar. Leopoldo es el mismo como lo es  Zuloaga. Mismo discurso, misma actitud, mismo programa, mismo equipo y mismo compromiso.  Encuentro obsceno enfilarle las baterías.

 

En lo personal, estoy clara en que, si la tan pregonada necesidad de preservar espacios de acción en puestos políticos es procedente, mucho más lo es en posiciones emblemáticas para el cuido de la libertad de expresión, esa que vela y protege la vigencia de las otras libertades. Si somos coherentes, eso aplica. Por eso, si algo puede desentonarme, es tan solo el escándalo y la estridencia. En este caso, califican como ruido molesto.

 

Finalmente, como soy creyente, estoy persuadida de que Dios hará justicia. Sé que el Señor de la Historia colocará a cada quien en su puesto. Y si algo agradezco, es que Él ha tenido a bien disuadir a quienes podrían haber intentado la inútil empresa de unir mi voz al coro de desatinos,  e inspirar mi entendimiento para no callar lo que debo decir y aportar mi respaldo a quienes lo merecen. A fin de cuentas, uno de los grandes problemas de este país y una de las peores herencias de este rebullicio, de esta bronca permanente que llaman “revolución” es la desfachatada mediocridad de hacer “mutis por el foro” por falso escrúpulo o cobardía de la más barata.

 

 

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Samantha Ruiz said:

    Muy buen artículo Maky. Duele ver cuando ante la menor adversidad, muchos olvidan. No conozco a Zuloaga, pero el solo verlo luchar tanto por Globovisión y su linea editorial, el apoyo que siempre brindó a la oposición, se me hace merecedor de respeto.
    Pienso que aún algo queda, sus periodistas, algunos programas y hay que saberlos aprovechar. Del “ciudadano”, merecedor de un gran respeto por su trayectoria, no tengo dudas que con su programa siempre tenemos una ventana, es un luchador que no se rinde y tenemos que seguir luchando.
    Esto pasará y Dios pondrá a cada quien en su justo lugar y sin dudas te digo que prefiero a los que luchan sin rendirse, que a los que abandonan y se quejan.
    Un abrazo, Samantha

  2. Ventura Gonzalez said:

    Estimada Sra. Maky Arenas: Gracias por ese valiente y merecido homenaje a Don Guillermo Zuloaga, por su perseverante lucha en defensa de la libertad en general y en particular de la libertad de expresion, manteniendo con grandes sacrificios a traves de GLOBOVISION un proyecto digno de imitar. Homenaje extensivo a los valientes que permanecen, a pesar de las limitaciones, en esa hermosa lucha, abanderados por Leopoldo Castillo, nuestro CIUDADANO.

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