Aroma y sabor a silencio

 

María Mas Herrera
@mariamasherrera

 

Las dictaduras tienen aroma y sabor a silencio. Éstas, son las repuestas ante el miedo que produce la represión, ya sea una coerción explicita y frontal, acompañada de pueblo y burócratas también sometidos por el dinero y cubierto por el inmenso control institucional  o, el germinado en laboratorios del terror, al ocaso de los pranes y la delincuencia común que maneja los hilos del poder desde las cárceles del país: nuevos centros de negocios y de dominación en Venezuela.

 

La Asamblea Nacional venezolana tiene visos dantescos en materia de libertad de expresión. Los periodistas son tratados con más cautela que un terrorista de alta peligrosidad recién detenido. Al llegar al centro parlamentario, “presunta cuna de la representación y el pluralismo democrático” son, funcionalmente, requisados por la seguridad de AN, con un despliegue tecnológico y de inteligencia militar. Una vez que no tienen las armas del bolígrafo y la grabadora en su mano, son custodiados, sin mayores frases de comunicación entre sus guardianes y ellos, hasta un cuartucho vigilado por cámaras y micrófonos, ¡Fin de mundo! y es allí, donde los comunicadores de los medios no gubernamentales quedan confinados  a obtener su noticia a través del rectángulo de una TV, transversalmente censurada por un camarógrafo entrenado desde el ombligo de la represión, y es ajustado como cualquier mortal que no estudió comunicación, ni está certificado para trasmitir los eventos noticiosos, como tampoco la verdad de los acontecimientos del Congreso. La noticia queda mutilada por la censura del partido oficialista. Una verdadera tragedia política de repercusiones estratégicas.

 

Sin comunicadores eficientes y éticos que trabajen al servicio de la verdad de la nación y no de un grupo, ya sea el Gobierno, un sector empresarial o los extranjeros, los venezolanos quedamos aislados de la verdad y de la democracia, ya que la libertad, en todas sus manifestaciones, tanto como la seguridad, la justicia y la felicidad son componentes de la misma ecuación. Comunicación y desarrollo son caras de una misma moneda.

 

Cada aparataje ideológico impide que las personas cumplan con las órdenes propias y acepten con naturalidad acatar decisiones tomadas desde el extranjero. Esos derechistas e izquierdistas, grandes disfrazados de sus propios intereses, que existen fuera de nuestros límites, internamente se asemejan más bien a los que tienen el control de Pdvsa, Seniat y demás entes de inteligencia, versus los damnificados de libertad y de recursos económicos que reciben la bequita y el sueldito o que callan frente a los atropellos del Gobierno cuando a la bravata, nos chequean con la lista de Tascón o del CNE.

 

Hoy, ejercer el periodismo en Venezuela es una profesión peligrosa y comprometida, llena de obstáculos y caracterizada por mantenerse en una encrucijada moral, donde se requiere de valentía, ética e inteligencia para sortear los obstáculos, sin perder la identidad propia. Pasar por el fango sin mancharse es un arte. Dios bendiga a los periodistas de Venezuela.

 

www.mariajosefinamas.com

 

 

 

Economista y profesora universitaria

 

 
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