DE VIRAJES

 

Américo Martín

Américo Martín

Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

 

I

 

Comenzaré, como aconseja la sabia perogrullada, por el principio. Maduro está virando hacia el centro del espectro. Sea porque así se lo recomendara el influyente liderazgo cubano, sea por el ejemplo contundente del modelo de socialismo de mercado en China, o mejor: mercado que se hace llamar socialista; o sea por la presión de la agobiante situación de Venezuela, este viraje de Maduro, todavía en pañales, trata de repetir el doble y contradictorio fenómeno consistente en “capitalizar” la base económica, contraer estrechas relaciones con los inversionistas internos e internacionales, pero preservar y quizá perfeccionar la autocracia política desde las alturas del Poder del Estado.

 

¿Es viable semejante operación?

 

316 nicolas-maduro-cneSi tomamos la experiencia de China y Vietnam podríamos inclinarnos hacia la afirmativa. Con una reserva, sin embargo. En esos países de milenaria historia escrita, predominaron mandarinatos, emperadores, dinastías. No hay experiencia ni cultura democrática. Para muchos asiáticos ligados desde siempre a la tierra como esclavos de la gleba, el emperador era sagrado, sería inconcebible –un pecado monstruoso- combatirlo para imponer un igualitarismo democrático imposible.

 

En China, particularmente, el territorio es inmenso y la ausencia de comunicaciones durante milenios tan escasa, que la única manera de preservar la unidad de la nación era con el ligamento religioso. Objetivamente las órdenes del emperador no podían ser efectivas en el día a día; a veces pasaban años antes de conocerlas, en razón de la cual la sumisión colectiva a la dinastía gobernante se basaba en la fe, una fe irreductible a despreciables razones humanas. Fue eso lo determinante para que se reprodujera esa relación haciendo de Mao Zedong un dios, un sol rutilante, un símbolo de China. Mao derrotó al imperio feudal, pero el imperio feudal derrotó a su partido al hacer de su endiosado jefe la nueva cabeza de una dinastía imperial.

 

Es verdad, Mao fue derrotado, su pensamiento murió bajo el fuego de la rebelión de la realidad, pero quedó en pie, profundamente arraigada, la idea de que el Estado era príncipe, sus decisiones indiscutibles, la democracia una utopía absurda, salvo para disidentes que si bien han venido aumentado son todavía una “mayúscula” minoría. Al abrir la economía y privatizar más empresas públicas que ningún otro país socialista o capitalista; al establecer el mercado de capitales y la competencia pero reduciendo a su mínima expresión las reclamaciones de los trabajadores, China saltó por encima de Japón, la Unión Europea y los restantes tigres asiáticos. Se ha convertido en la segunda potencia mundial, sólo superada por EEUU. Esos resultados estupendos se sellaron sobre la alianza de la más amplia –y salvaje, dirían con razón muchos- libertad económica, con la dictadura del partido comunista y una nueva muy corrupta clase hegemónica

 

II

 

Con la reforma raulista Cuba no termina de abrir camino franco al mercado por causas contrarias a las de China. En la Isla hubo intensa tradición democrática desde 1930 a 1952. Muchos escritores y líderes crecieron en democracia. Por eso, aún sin presencia intimidante de Fidel, la apertura económica sin flexibilización política parece difícil, muy difícil. No digo imposible, pero los hechos hablan de avances lentos y contradictorios en un entorno de profunda crisis económica y sobre todo social.

 

En Venezuela, en cambio, hay más historia democrática. La autocracia madurista no ha podido extirpar las consultas electorales y el fraude no puede velar el explosivo crecimiento de la oposición. En cierto modo, con sus alzas y bajas, su destino está marcado. Una seria apertura económica le permitiría detener en alguna medida la severísima crisis total cuyas implicaciones sienten los venezolanos en la piel, por encima de los aspavientos publicitarios protagonizados en el proscenio por el madurismo.

 

Pero los obstáculos serían todavía más robustos si se pretende acompañar la apertura con infructuosos intentos de extirpar a la oposición en lugar de dialogar con ella sobre problemas urgentes como la inseguridad, las demandas salariales y protestas sociales y la purificación de las instituciones del país, empezando con las electorales y judiciales.

 

III

 

Perderán el tiempo si creen que pueden darle réditos las acusaciones extravagantes e irrisorias y las mentiras infantiles nunca fundadas en pruebas. Retrocederán nacional e internacionalmente si mantienen eternamente exiliados y presos políticos que nunca dejarán de luchar y protestar. Perderán la batalla si creen que los trabajadores se acostumbrarán pasivamente a ver barrer el piso con banderas de tanta raigambre como la libertad sindical, la contratación colectiva, los derechos de manifestación, huelga y libre afiliación. Revelarán una incomprensión suicida si siguen subestimando las justísimas reclamaciones salariales y académicas de los universitarios, olvidando la profunda raigambre latinoamericana de esas demandas

 

Comprendo a Maduro. Descubrió la inevitabilidad del viraje pero es prisionero del odio sembrado en su propia grey. Ya no denuncia diablos en la sotana de los sacerdotes, ya no repite que la Polar acapara y especula, ya no desdeña el entendimiento con capitalistas; se ralentizan las expropiaciones y las invasiones.

 

Pero no puede impedir las reacciones anárquicas de quienes hasta ayer le oían anunciar la muerte del infame capitalismo para edificar el socialismo sobre sus escombros.

 

Mientras más endiosa a su antecesor más evidencia su propia endeblez. No puede resolver con el dedo la crisis de su partido. No puede pasar de una unidad basada en acuerdos circunstanciales entre cúpulas ansiosas. Carece de popularidad.

 

Queda la falaz regla de los enemigos de la democracia: si debo hacer virajes, radicalizaré el lenguaje para evitar la ingobernabilidad de los míos.

 

Un drama Maduro, lo sé. Pero careces de opciones: viras o te viran

 

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