LAS LIBERTADES DE KIKO Y EL CHÁVEZ DEL 8

 

Thays Peñalver

Thays Peñalver

Thays Peñalver 
tpenalver@me.com
@thayspenalver 

 

 Reconozco que no viví en los tiempos en los que la SIP (13ava Asamblea 1958) dijo que “en Venezuela no hay ninguna libertad de expresión”. Solo he vivido en uno en el que dos presidentes ordenaron que no se le dieran dólares a los medios (Lusinchi) y otro llamándoles “golpistas” (CAP). Uno en el que políticos utilizaron a la justicia para constreñir a un periodista o al dueño del medio. Un país donde el entorno presidencial mandó a asesinar periodistas y fue denunciado por emplear “una violencia generalizada contra los periodistas” (SIP 1992). He vivido en un país “en el que la mayoría de los medios se sienten (perpetuamente) amenazados” (Konrad A. 1992) si hoy leyéramos las declaraciones de la 48 Asamblea de la SIP (1992) encontraríamos el mismo informe y hasta a los mismos protagonistas que en la 68 Asamblea de 2012.

 

Kiko Batista

Kiko Batista

Así que no vivo en un país, en el que al venezolano le “falta educación”, por el contrario ha recibido durante 50 años o más una equivocada educación de “antilibertad de expresión”. Nuestra clase política sin distingos de izquierdas y derechas, adecos, copeyanos, chavistas o chiripistas con su “Información Veraz” a cuestas, educados en los menesteres de la “Expresión a Garrotazos” han dado el mal ejemplo y por eso vivimos hoy en un país donde el debate no es sobre nuestros derechos constitucionales, sino sobre cómo arrebatarle al otro su Derecho Constitucional. Por cierto, pareciera que arrebatarle el derecho a otro, se ha convertido en el único derecho que se ejerce.

 

Estamos en el siglo XXI, pero ¿hemos avanzado como para que nuestros medios aquí puedan investigar y exponer la vida de ricos que llevan los hijos de un Monarca o Presidente a costa del erario público? (ABC de España 27/03). ¿Qué tan lejos para que puedan sondear las cuentas del partido de gobierno y exponer los pagos ilegales? (El País de España 27/03), ¿qué tanto para que un periodista pueda fotografiar la casa de un político y le pida explicaciones de cómo con un sueldo de 3 mil euros, se compró un penthouse de lujo? (El Mundo 23/03).

 

Profundicemos: ¿qué tan lejos estamos para que los medios puedan no solo hablar libremente de “la amante” o la “amiga muy especial” de un Presidente, sino que le expongan todos sus negocios? Lleguemos a los límites: ¿qué tan lejos estamos para que una revista pueda sacar en su portada una caricatura del Presidente, desnudo acostado con la justicia y llamándola sucia? (revista El Jueves). Pues eso no es lo más importante: ¿qué tan lejos cree usted que estamos, una vez logrado lo anterior, para que a esos periodistas y a esos medios no se les amenace o destruya?

 

Mario Silva

Mario Silva

¿Lo cree usted lejos? bien ¿cuán lejos estamos para que esa señora que ve Globovisión todo el día piense que un programa como el de Mario Silva (apartando los presuntos delitos y que utilice un canal del Estado) cargue vehemente (contra nosotros) y con ese mal gusto (según nosotros) tenga el derecho a salir al aire?, ¿cuánto falta para que la otra gente entienda que Kiko tiene todo el derecho, con su vehemencia (contra ellos) y de mal gusto (según ellos) a lo mismo?

 

El próximo año se cumplirán 50 años de una doctrina que cambió el mundo de la libertad de prensa, a raíz del famoso caso de New York Times vs. Sullivan* y casi 30 años de que una jurisprudencia de mi padre Fernando Peñalver, convirtiera a Venezuela en una de las primeras naciones que incorporó la doctrina de la “real malicia” en la libertad de expresión (junto con México, Uruguay y Argentina). Una doctrina poco aplicada y hoy olvidada que permitía que cualquiera y en especial los medios pudieran de forma “desinhibida, robusta y abiertamente, incluir ataques apasionados, cáusticos y a veces poco placenteros “como hojillas”, contra el Gobierno y los funcionarios públicos” o aquella que consideró necesario proteger a un periodista, aun si ese periodista se hubiera equivocado o interpretado mal las pruebas (no fue el caso).

 

censurado-libertadDoctrinas que sacaron a no pocos periodistas de prisión y en especial a un joven Rafael Poleo, en un momento en el que “el 30% de la población amaba lo que hacía y otro 30% la odiaba”, pero “lo grave hija” –me decía mi padre- “es que a la mayoría no le importa que esté preso o que le cierren su medio”. Porque el problema de “mal gusto” según se mire, se “resuelve hija, dejando de comprar la revista” o en el caso que nos ocupa hoy, cambiando de canal. Lo que es muy peligroso, “es que hay una mayoría que ha sido educada para pensar, que el asunto se resuelve sacándolo, encerrándolos o cerrando el medio”, así como censurando, omitiendo o pidiéndole a los medios que no informen. El peligro entonces, son los millones que consideran normal, la salvajada que vivimos hoy.

 

En fin educados para desconocer los límites y alcances de las libertades de expresión de Kiko, pero también de Silva. Y ante la salvajada, nos ha llegado pues la hora de apelar a la razón democrática

 

*  En concordancia con Terminiello v. Chicago, De Jonge v. Oregon,  NAACP v. Button, Sweeney v. Patterson y varios que en razón de espacio no se pueden colocar

 

 

 

 

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