Acostumbrarse a todo

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

 

Axel Capriles M.
@axelcapriles

 

Los peatones transitan inmutables esquivando el cuerpo inerme…

 

Se detiene un automóvil y suelta un cadáver a golpe de las 8:00 am en la Av. Francisco de Miranda, en pleno Chacaíto. Es un hombre vestido de pantalón negro de algodón y camisa blanca manga larga. Llega el dueño del quiosco de periódicos, le toma una foto con su BlackBerry, pasa por encima del cuerpo, abre el negocio y comienza a vender. Los peatones transitan inmutables esquivando el cuerpo inerme. Algunos lo saltan o lo patean sin querer. Se acerca un policía de Chacao que afirma no poder hacer nada. Debe esperar al forense. A la hora, el policía se aburre y desaparece.

 

Los empleados de las oficinas circundantes interrumpen su trabajo, se asoman a las ventanas y cuchichean sobre el caso. Entablan conversaciones y cada cual relata alguna incidencia similar, el muerto del fin de semana o el último asesinato en su familia. A la hora, comienzan los chistes. De tanto en tanto, se asoman a las ventanas y al ver al muerto todavía allí, sueltan una ocurrencia que desata la risa de los demás. Sobre la 1:00 pm, el camioncito de la morgue recoge el cadáver que seguirá circulando la ciudad hasta que los 16 puestos estén repletos.

 

Los humanos nos acostumbramos a todo y convertimos en ordinario cualquier evento que se repita. Pero ese acostumbramiento ocurre principalmente con la mejora de condiciones. Cualquier aumento de sueldo pasa enseguida a ser insuficiente. El efecto Duesemberry, sin embargo, indica que nos acostumbramos al bienestar de tal manera que cuando las condiciones de vida declinan nos oponemos a rebajar nuestro nivel de bienestar de manera simétrica a como subió. Es decir, el dolor de perder el nivel de vida alcanzado es tan alto que impide el acostumbramiento a una condición inferior. Es aquí donde encontramos la anomalía venezolana. El efecto no se da.

 

Nos hemos convertido en Sierra Leona o en Níger y no nos hemos dado cuenta. Un sentido acomodaticio o una permisividad exagerada nos ha hecho aceptar y acostumbrarnos a todo, hasta sentirnos cómodos con una existencia a simple nivel de supervivencia.

 

 

 

 
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