ALGO NUEVO ESTÁ PASANDO

HENRIQUE SALAS-RÖMER –

 

La Alianza del Pacífico conformada por México, Colombia, Perú y Chile, países con vínculos económicos preferenciales con EE.UU., se ha convertido en un poderoso contrapeso al avance de Brasil como potencia continental y al crecimiento de ALBA, como instrumento de penetración cubano-venezolano en el continente. Su influencia ha comenzado a sentirse.

 

Esta semana, Ollanta Humala, presidente de Perú, quien había dado señales conciliatorias hacia el régimen venezolano, tomó distancia del ALBA: “… el presidente aclaró que el Perú no se va alinear con el bloque de los países del ALBA, cuyos gobiernos cuestionan los acuerdos comerciales y la intervención de EE.UU. en la región.” (peru21.pe).

 

Dos semanas antes, se había producido un acontecimiento sintomático del alejamiento de otros países de la órbita de ALBA. En la reunión anual de ministros de relaciones exteriores de la Organización de Estados Americanos, los tres candidatos propuestos por Ecuador para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fueron derrotados, imponiéndose por amplio margen aquellos postulados por México y EE.UU. Algo nuevo está pasando.

 

MADURO-HUMALA

 

 

Entre tanto, el gobierno de Brasil enfrentaba poderosas manifestaciones que vulneran su liderazgo continental.

 

Si bien los acontecimientos brasileños corresponden a un fenómeno interno que en otro momento tendremos que abordar, el deterioro de ALBA tiene estrecha relación con la consolidación de la Alianza del Pacífico, y también con la fragilidad del gobierno de Nicolás Maduro, cuando la economía venezolana viene dando tumbos, la diplomacia petrolera luce agotada, y la legitimidad de su elección ha sido nuevamente cuestionada.

 

Hagamos un paréntesis. En su momento, advertimos que las grabaciones de la conversación de Mario Silva con un agente de inteligencia cubano habrían sido filtradas para ayudar a Maduro a cambiar a su favor el eje de un debate que lo tenía arrinconado. La treta rindió sus frutos. La confrontación se trasladó del terreno ético-electoral, al de las mutuas descalificaciones. Pero algo nuevo está pasando.

 

Si a nivel geopolítico las relaciones de poder se vienen alterando, a lo interno, el informe presentado por el Instituto de Altos Estudios Europeos, señalando que la elección de Maduro fue en efecto fraudulenta, ha generado fuertes tensiones en el oficialismo y obligado a la Sala Constitucional del TSJ, dócil al Poder Ejecutivo, a asumir directamente las demandas interpuestas a propósito de la elección presidencial.  Y algo más…

 

De pronto, la Oposición ve abrírsele el camino para retomar la iniciativa sobre la legitimidad del mandato de Maduro, a lo cual contribuirá, como es lógico, la acelerada involución de ALBA, y el recrudecimiento de una crisis económica cuya repercusión sobre la clase media y los sectores populares es inescapable y será políticamente devastadora.

 

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