EL GRAN VIRAJE MEXICANO

Antonio Pasquali

Antonio Pasquali

Antonio Pasquali
apasquali66@yahoo.com

 

 

Durante decenios, lo audiovisual mexicano fue el paroxístico emblema de la región

 

La inminente revolución mexicana en comunicaciones bien vale una pausa en el análisis del degradado cuadro mediático nacional. Latinoamérica habrá de inspirarse en el modelo que propone el viraje azteca, máxime Venezuela el día que, recuperada la democracia, se intentase restaurar los viejos vicios del entorno comunicacional.

 

Durante decenios, lo audiovisual mexicano fue el paroxístico emblema de la región: buenas plumas y buen cine, pero bajo nivel de lectura, omnipotentes conglomerados radioeléctricos con predominio de una mediocre TV que durante años ocupó el primer lugar mundial en absorción (cercana a 80%) de la inversión publicitaria del país y fue monopolio de una familia, los Azcárraga, ufana de que Televisa y el PRI fuesen “una misma cosa”. En telecom, la compra de Telmex en 1990 catapultó a Slim (inventor del prepago telefónico) a ser hoy, con sus 79 millardos de dólares, el hombre más rico de la Tierra.

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Pese a sus ingentes problemas sociales, el México de hoy ha salido del lote de países de PIB medio-bajo, pudiera ser miembro del grupo BRIC y pronto ocupará el lugar de Italia como séptima potencia mundial. Sus élites están empeñadas en dejar atrás cacicazgos y satrapías del pasado para dar un salto definitivo a la democracia, la modernidad y la sana competencia con libertades difusas y plurales. Sus cúpulas políticas ­un vistoso ejemplo­ han llegado a hacer propia la perseverante denuncia de la academia contra los oligopolios mediáticos; uno de los principales pilotos del viraje, Javier Corral Jurado, es senador por el PAN.

 

Entre los abanderados del salto a la transparencia y el pluralismo también figuraba el priísta Enrique Peña Nieto (47 años), hoy presidente de México. A un día de asumir la Presidencia, el pasado 2 de diciembre, gobierno y partidos (PRI, PAN, PRD y los Verdes) firmaron en Chapultepec una suerte de Pacto de Puntofijo, el llamado “Pacto por México” contentivo de 5 acuerdos y 95 compromisos para más garantías y transparencia en derechos humanos, libertades ciudadanas, autonomías educativas, universalización de la asistencia social y comunicaciones al servicio de la cohesión social. Los compromisos 38 a 44 concernían a comunicaciones, y no eran palabras.

 

Una formidable y eficiente maquinaria académico-política se puso en movimiento: el 11 de marzo pasado ya estaba listo el proyecto de reforma de los 8 artículos de la Constitución sobre comunicaciones; el día 22 el proyecto era aprobado en Diputados (414 votos contra 50) y el 19 de abril en el Senado (118 votos contra 3); para el 17 de mayo 23 congresos estadales (de 16 necesarios) habían enviado al Federal su nihil obstat; el 9 de junio el decreto recibía el ejecútese y el día 11 (a los 6 meses del Pacto por México) salía publicado en el Diario Oficial. ¡Algo absolutamente inconcebible en el México de hace 20 años!

 

El 'Pacto por México' fue firmado por el dirigente del PRD, Jesús Zambrano, el presidente Enrique Peña Nieto, el líder nacional del PAN Gustavo Madero, y la encargada de la dirigencia del PRI, Cristina Díaz.

El ‘Pacto por México’ fue firmado por el dirigente del PRD, Jesús Zambrano, el presidente Enrique Peña Nieto, el líder nacional del PAN Gustavo Madero, y la encargada de la dirigencia del PRI, Cristina Díaz.

Sin ser perfecta, la reforma representa un formidable avance en el sentido justo; declara definitivamente inviolable la libertad de emitir y recibir informaciones, ideas y opiniones por cualquier medio y prohíbe censuras y “abuso de controles oficiales”, desmantela los oligopolios, garantiza pluralidad y libre acceso en mensajería, confiere rango de “servicio público” universal a lo radioeléctrico y las telecom, distingue entre uso público, comercial y social (comunitario) de los medios, obliga a licitar todas las concesiones de espectro, asegura libre acceso a la información oficial, crea un solo organismo público autónomo, descentralizado y decisional para el regimiento de medios y telecom cuya directiva incluirá nueve representantes de los usuarios, con presidente nombrado por el Senado. Desde nuestra sociedad cerrada, saludemos este nuevo e inspirador paradigma de sociedad abierta.

 

 

 
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