FAO, EL PAPA Y LA PAPA

Jorge Sayegh 
JorgeSayegh@gmail.com

 

 

Al margen de los diplomas de la FAO o las bendiciones pontificias, la papa caliente hay que agarrarla aquí.

 

El presidente Nicolás Maduro acaba de culminar un viajecito por Italia donde participó dos eventos polémicos.

 

Venezuela fue reconocida como uno de los 18 países que han luchado contra el hambre en las últimas décadas. Se calcula que en los 90 Venezuela tenía unos 4 millones de habitantes pasando hambre, hoy son unos 750 mil aproximadamente. En lo personal creo que el Gobierno puede recibir el diploma con una vaga satisfacción del deber cumplido, los números actuales demuestran una mejora comprobable, pero sólo aparente. ¿Por qué?, porque el descenso del hambre, a pesar de la propaganda oficial, no es el producto de una política que haya activado el aparato laboral y productivo alimentario de la nación; es resultado de un gasto descomunal del Estado en importaciones y subsidios para paliar las distorsiones que ocurren en nuestra economía rentista y monoproductora de petróleo. Pan para hoy y hambre para mañana.

 

La visita al Papa Francisco, al margen del tono humilde sólo busca reconocimiento internacional. También es un éxito relativo y aparente. Que el Papa te persigne la frente en calidad de Presidente, sin duda te confiere un respiro diplomático, pero la legitimidad de Maduro no pasa por una bula papal -no estamos en la Edad Media- sino por una reestructuración del CNE y una respuesta del TSJ. Ambas instituciones que si bien no podemos acusarlas de non sanctas, tampoco podemos calificarlas de inmaculadas.

 

Poco importan los diplomas de la FAO o las bendiciones pontificias, la papa caliente hay que agarrarla aquí y, por los vientos que soplan, las brasas están cada vez más ardientes.

 

El 8 de diciembre se van a quemar muchas manos.

 

 

 

 
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