LA PLAZA TAKSIM Y EL FUTURO

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com 

 

La humanidad de estos tiempos se está moviendo a una velocidad diferente a la humanidad del siglo XX, los acontecimientos que se están produciendo en El Cairo, Estambul, Río de Janeiro y en muchas otras capitales incluida Caracas, apuntan a una insatisfacción con el presente, y a  un reclamo abierto y desafiante a los liderazgos que no ofrecen una visión de futuro emocionalmente positiva. El ser humano que habita en las ciudades, para decirlo con una palabra de este tiempo, se indigna cuando su vida en el presente no cubre las expectativas que los líderes políticos le han prometido, pero también toma la calle cuando se restringe su libertad o siente amenazado su futuro. La preocupación  por el futuro se produce por la elemental razón que es allí donde pensamos que va a transcurrir dimensionalmente nuestra existencia.

 

Las revoluciones socialistas del siglo XX llegaron al poder porque capitalizaron el descontento de los más pobres con un discurso igualitario, pero ninguna tuvo la intención de sacar verdaderamente de la pobreza a nadie y por eso fracasaron, el futuro de prosperidad y libertad que ofrecieron nunca llegó.

 

Algo parecido está ocurriendo ahora en medio de un capitalismo prospero en las ciudades turcas, la población adulta y los jóvenes están siendo reprimidos porque sienten amenazado su futuro. El capitalismo a secas no está gestando un buen futuro en Turquía, y eso lo saben los manifestantes de la plaza Taksim y el parque Gezi, ubicados en la zona más moderna y en la parte europea de Estambul. ¿Qué es lo que se busca con la protesta que ya lleva varios muertos, centenares de heridos y más de un millar de detenidos? Lo que anhelamos todos, más libertad y menos control del estado en la vida privada de los ciudadanos. Lo que empezó como una protesta por la demolición de un parque congregando unos cientos, se ha convertido en una parada de miles que ahora exigen la renuncia del primer ministro Erdogan que sin ninguna imaginación para el dialogo reprime brutalmente y declara que “está haciendo lo correcto”.

 

La juventud turca no quiere ir a la guerra con Siria, no quiere el emplazamiento de misiles de la OTAN ni de los Estados Unidos, rechaza el control a internet y a los medios, y en esencia desea una sociedad menos autoritaria y militarizada que la que tienen en el presente que limita la libertad de expresión por una exagerada intolerancia, por eso las dos consignas principales que se escuchan son: “Renuncia Erdogan” y “Hombro a hombro contra el fascismo”.

 

Los turcos que protestan en primavera quieren y exigen una democracia más inclusiva y menos paternalista, reconocen los avances económicos que ha alcanzado el régimen de Erdogan con más de diez años en el poder, pero rechazan la islamización de la vida pública y del estado, pues lo sienten como un retroceso en una nación hasta ahora equilibrada por sus históricas raíces laicas, a pesar de la mayoría religiosa musulmana del país.

 

En Caracas, los estudiantes, profesores, empleados y obreros de las universidades autónomas salieron a marchar en defensa de la autonomía,  la libertad de expresión y en contra de la democracia de los enchufados, el gobierno titubeo con el permiso de la marcha, tiene miedo a que la mayoría tome la calle y se quede en ellas entonando  las dos consignas que cambiarán la historia venezolana: “Renuncia Maduro” y “Hombro a hombro contra el fascismo”.

 

 

 

 
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