¿EGIPTO: GOLPE DE ESTADO O REBELIÓN DE LAS MASAS?

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos 
eburgos@orange.fr

 

Los periodistas egipcios sentenciaron: “negamos la democracia a los enemigos de la democracia”, consejo que bien podría aplicarse en América Latina.

 

La rebelión egipcia fue claramente un levantamiento de masas que logró el apoyo del ejército y se rige actualmente por una norma de inclusión de todos, que los derrotados Hermanos Musulmanes rechazan. En relación a ellos, los periodistas egipcios sentenciaron: “negamos la democracia a los enemigos de la democracia”, consejo que bien podría aplicarse en América Latina.

 

328 EgiptoLos analistas y voceros de los medios se han visto ante el dilema de calificar los acontecimientos sucedidos en los últimos días en Egipto y que desembocaron en el derrocamiento (destitución, según la versión oficial, que define la situación como una sublevación popular con apoyo del Ejército) del presidente elegido democráticamente, Mohamed Morsi).

 

¿Cómo definir lo sucedido el 3 de julio en El Cairo? ¿Un golpe de Estado, una revolución, un putsch, un pronunciamiento, una liberación, una revuelta…? , se pregunta un analista en el diario francés Le Monde. A los periodistas que se hicieron presentes en la Plaza Tahrir, los manifestantes les reprocharon que calificaran de “golpe de Estado la sublevación popular apoyada por el ejército”, que condujo a la destitución del primer presidente elegido democráticamente en la historia de Egipto, por considerarlo insultante hacia el pueblo que ha luchado por el “establecimiento de una verdadera democracia”. Y la gran novedad, fue la exposición de una conferencia de prensa, a solicitud de periodistas egipcios, de representantes de la cadena de televisión Al-Jazira, financiada por el emirato de Qatar, por considerarla identificada con los enemigos de la democracia: “negamos la democracia a los enemigos de la democracia”, fue el argumento de los colegas egipcios.

 

En cierto que Al-Jazira, durante los días que duró la revuelta, tomó partido por la corriente de los Hermanos Musulmanes, partido al que pertenece el depuesto presidente Morsi, cuya pretensión era la de imponer un Estado regido por los principios religiosos. El descredito de Al-Jazira es la demostración de la pérdida que ha significado la destitución de Morsi para el emirato de Qatar, principal financistas de los Hermanos Musulmanes, y de sus seguidores en Siria, en Gaza, y en todos los sitios en donde ejercen influencia éstos últimos.

 

Se especula acerca de si el Ejército provocó a la sublevación, o si su intervención se debió a la amplitud de la rebelión popular.  Según revelaciones recientes del diario egipcio Al-Watan, en el último diálogo entre el general Abdel Fattah Alsissi, entonces ministro de la Defensa, y el todavía Presidente Mohamed Morsi, ante dimisión que le exigía el general, Morsi le respondió que “era un golpe de Estado y que los americanos no lo permitirían”. A lo que el general le respondió: “Es la voluntad del pueblo y no la de EE.UU. lo que nos importa”.

 

328 Egipto protesta hombreLo que hoy podemos constatar en relación a la pretensión de la corriente del Islam político, de instaurar en Egipto un gobierno según los preceptos rígidos del Islam tradicionalista, es que su protagonismo se ha saltado por un fracaso. El mayor reproche que la población anti-Morsi le ha hecho, es el haber copado todos los puestos claves del Estado por miembros de su partido y haberse inclinado por un gobierno francamente dictatorial. Las corrientes más educadas y progresistas de la sociedad –incluyendo corrientes musulmanas practicantes- se sumaron al campo anti-Morsi. Se vio claramente entre las manifestaciones en contra de su gobierno, la participación de islamistas, en particular mujeres. El partido salafista Al-Nour, participó del frente contra el gobierno de los Hermanos Musulmanes.

 

Según un editorial reciente del diario Le Monde, éste considera que el Islam político es “ante todo un programa de protesta y no un programa de gobierno serio”. Porque negarse a separar la mezquita del Estado, es profundamente incompatible con la libertad política.

 

Tras la salida del escenario del ex presidente Morsi, una serie de negociaciones entre los “liberales” y los Hermanos Musulmanes, – que tampoco han sido excluidos de las negociaciones, pues las nuevas autoridades los han llamados a participar, pese a su rechazo de tratar con los “golpistas” -, barajaron el nombramiento de un nuevo Primer Ministro: los candidatos propuestos no lograron el consenso. Contrariamente a lo esperado dentro de la versión del golpe de Estado, no fue un general quien se hizo con las riendas del poder. Finalmente el 11 de julio, intervino el nombramiento del economista Hazem Beblaoui, quien de inmediato declaró que no excluía la participación de los Hermanos Musulmanes en el gobierno de la transición, a condición de que “se tratara de personas calificadas”.  “No me preocupa la miltancia política”. “Tengo dos criterios para el gobierno que intento formar: la eficacia y la credibilidad”. Sin embargo, hasta ahora, los Hermanos Musulmanes han rechazado “pactar con los golpistas”.

 

Guardando las proporciones, el ejemplo de los acontecimientos de Egipto,  debería servir de reflexión a las fuerzas democráticas de Venezuela. Pese a las diferencias, y al hecho de que ninguna situación es similar a otras, y de que nada de puede imitar de manera mecánica, los hechos egipcios, la manera de actuar de la población opositora, la manera cómo se han ido desarrollando las negociaciones, la voluntad de incluir en el seno del gobierno a los derrotados Hermanos Musulmanes, son elementos que se sitúan dentro del cauce de una ejemplaridad democrática. Si Egipto continúa actuando de esa manera, es posible que el camino hacia la constitución de una tradición democrática, tome forma en ese país, el más importante de la región.

 

 

 

 
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