Hormigas

Manuel Vicent

Manuel Vicent

Manuel Vicent

 

Lo que hablas o tecleas por el móvil queda grabado para siempre y podrá ser tomado en tu contra mañana

 

Fuera del hormiguero ya no hay salvación. Las cámaras que siguen tus pasos desde cualquier ángulo de la ciudad y los satélites que te vigilan desde el espacio te juzgarán un día si te apartas del río confuso de los mortales y tratas de ser tú mismo navegando contracorriente. Lo que hablas o tecleas por el móvil queda grabado para siempre en el nido de la araña planetaria y podrá ser tomado en tu contra mañana. Solo si te comportas como una hormiga anónima estarás a salvo. Las cámaras aceptan de buen grado el fluido uniforme de la gente; la gran araña digiere sin problema en su tripa la algarabía insignificante con que expresan los humanos sus sentimientos anodinos, pero si tratas de ser original, singular, y no te comportas como una hormiga conformista te convertirás en un sospechoso.

 

Puede que te sientas un ser libre porque la vida te ofrece la posibilidad de elegir limón o gaseosa para el tinto de verano, pero en realidad con cualquier cosa que uno haga no está sino obedeciendo las reglas inexorables del hormiguero. Eso mismo que haces, piensas, dices o callas, creyéndote muy ocurrente o extravagante, en este preciso momento millones de personas lo están ejecutando, pensando, pronunciando o callando al mismo tiempo con gestos semejantes, intercambiables. La partitura musical de risas y lágrimas que ejecuta de forma ciega la humanidad apenas tiene una docena de compases.

 

Nuestro destino en lo universal consiste en ser esa hormiga que no se sale nunca del pentagrama. Un día las cámaras captaron a un tipo que iba con abrigo en pleno verano por la City de Londres. Fue detenido y juzgado como posible terrorista. Hoy todos los abrigos en verano pueden ocultar la faja de dinamita de un suicida. Si pronuncias por el móvil más de tres veces en un día la palabra yihad o Bin Laden, la araña planetaria tomará tu filiación y la de tus antepasados. Cuando pases por el control de un aeropuerto norteamericano tu pasaporte engendrará tres pitidos de alarma. A continuación se acercará un gorila con toda una ferretería alrededor de su barriga y te llevará a un cuarto sin ventanas, donde enumerará los pelos de tu nariz y no podrás salir en libertad si no demuestras que no eres más que una hormiga perpleja, prueba que correrá a tu cargo.

 

@ELPAIS

 
Manuel VicentManuel Vicent

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