Cacharros y “Patria”

Peter K. Albers

Peter K. Albers

Peter Albers
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

 

Alberto Franceschi nos ha pintado en su último comentario un dantesco cuadro: el de miles de pollos comiéndose unos a otros. Acuciados por el hambre, han recurrido al canibalismo. Sus despojos son utilizados como alimento de cerdos, también famélicos. Ganado vacuno que es enviado al matadero sin haberse desarrollado completamente, pues sus criadores no pueden mantenerlo. Consecuencia de políticas erradas, como la expropiación de la empresa que suministraba semillas y fertilizantes a crédito: Agro Isleña. Convertida ahora en una tal “Agro Patria”, sus empleados pasan el día jugando dominó y bolas criollas, por falta de clientes. Sus locales permanecen vacíos, pues, sin nada que vender, ya no acude la clientela de antes.

 

cacharroSocialTal vez el doctor Giordani piensa que él es más inteligente y más capaz, y podrá hacerlo mejor que ellos, los planificadores rusos que llevaron a la ruina a la Unión Soviética, hoy desmembrada en los países que originalmente la constituían, y que ahora independientes y libres, luchan por convertirse en naciones prósperas y competitivas en el mercado mundial de la alimentación y la manufactura. Muchos de ellos han surgido, liberados del terror comunista y de la miseria que conlleva, en países con gran oferta turística, a los cuales acuden millones de visitantes del mundo entero. Praga, Budapest y San Petersburgo, entre otros, son ejemplos de este renacer económico derivado del turismo.

 

Ha quedado demostrado suficientemente el fracaso de todos los modelos socialistas que han tratado de imponerse en el mundo: la Unión Soviética de Stalin, la China de Mao, la Corea del Norte de la familia que hoy la domina, y la Cuba de los Castro. Y Chávez creyó, y sus sucesores políticos siguen creyendo, que aquí lograremos algún día lo que allá no pudo, no ha podido, ni podrá nunca lograrse. Década y media demuestran lo contrario. Venezuela es hoy un país arruinado, lleno de deudas. Y peor aún, lo que se producía en el campo era suficiente para alimentarnos, y hasta se exportaba lo que nos sobraba. Hoy nos vemos en la necesidad de importar el café, la harina y hasta la carne, el arroz y la caraota que forman nuestro pabellón criollo ¡y el papel higiénico!

 

Todo a consecuencia de leyes absurdas, dictadas por fanáticos que creen haber descubierto el agua tibia en materia de socialismo y colectivismo, históricamente fracasados. Y ahora, para agravar la escasez de vehículos automotores que padece el país, producto del estrangulamiento financiero de las empresas ensambladoras, de la dificultad en obtener divisas que les permitan la importación de las partes necesarias para el ensamblaje, y víctimas de la inseguridad jurídica ante las constantes amenazas de expropiación y de la obstrucción a la actividad productiva por el sabotaje de sindicatos dirigidos por el oficialismo, se está discutiendo en la Asamblea Nacional una ley que regule la compra y venta de vehículos.

 

Uno se pregunta qué pueden saber de compra y venta (excepto a la hora de abastecerse de whisky 18 a.) políticos que creen a rajatabla en el colectivismo y el comunismo, sistemas donde no se compra ni se vende nada.

 

Esta nueva ley solo agravará la situación. Como en Cuba, los no enchufados rodaremos en cacharros, viejos carros destartalados y mal remendados. Eso sí, funcionando con gasolina barata y mucha patria.

 

 

 

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