EL GRAN MADIBA

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde

Gerardo Blyde 
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@gerardoblyde

 

Lejos de arribar al poder para vengarse, quemó todas las cuentas que tenía por cobrarle a la vida

 

En junio de 2010 vi la excelente película Invictus. Escribí sobre ella en esta misma columna. Basada en el libro de John Carlin, Jugando al Enemigo, Nelson Mandela y el juego que hizo una Nación, se llevó a la pantalla una parte de la vida de Mandela (iniciando su presidencia) y de la historia de Sudáfrica tras abolirse el terrible régimen segregacionista del Apartheid que duró casi tres siglos. Hoy la humanidad entera está pendiente de la salud de Madiba, título cariñoso con el que todos se refieren a él. Madiba es el nombre de la tribu xhosa, a la cual Mandela pertenece. Llamarlo así es homenajearlo, pues en esa cultura con ella se honra a los ancestros.

 

NELSON MANDELA

NELSON MANDELA

En la película se relata cómo la mayoría negra, segregada y vejada en su dignidad por una minoría blanca, por profundos y justificados resentimientos, no se integraba. Abolido el régimen segregacionista, resultaba imposible que se unieran. Los negros odiaban a los blancos y éstos desconfiaban de los negros. Temían por posibles represalias ahora que detentaban el poder.

 

Mandela, presidente y estadista como pocos, aun habiendo sufrido el rigor del Apartheid tras más de dos décadas en prisión, entendió que ambas partes debían unirse y conformar una sola nación. Springbok era el equipo sudafricano que los representaría en la Copa Mundial de Rugby de 1995. Un equipo integrado por blancos con una sola excepción. En cada juego, los negros apostaban a que fueran derrotados por ser el equipo de los blancos.

 

Mandela, visionario, pensó que el deporte podía ser un medio para unificar a blancos y negros. El rugby sería algo a lo que por primera vez todos apostarían juntos. Enfrentó las duras críticas de los negros y pacientemente les hizo entender que era necesaria una causa común, que el fin más importante era la unificación del país. Se granjeó la confianza de los blancos a quienes enviaba señales claras de no estar en la presidencia para pasar facturas y ejercer el poder mediante retaliaciones en venganza a la segregación o a su propia cárcel. Así logró que todo el pueblo sudafricano, negros y blancos, en aquel mundial, apoyaran a su equipo. Ese fue el primer hecho unificador.

 

Mandela fue humilde en el poder, sin odios y con visión de estadista. Integró a su patria y sentó las bases de una Sudáfrica moderna, pujante y progresista, pero que respeta sus tradiciones e historia y en la que se les brinda a todos sus ciudadanos calidad de vida.

 

El pueblo sudafricano, de más de cincuenta y tres millones de habitantes, reconoce en Madiba el constructor de una democracia multirracial. Lleva los últimos meses unido en plegarias por la salud de su Madiba. Ya ha ingresado cuatro veces al hospital. En cada ingreso, se unifican en el mismo sentimiento de amor y admiración. El último comunicado oficial parece prepararlos para la pérdida física de quien ya supera los 94 años de edad. Hoy su pueblo ya sabe que Madiba no vivirá por siempre, pero que su obra y su recuerdo sí perdurarán. La humanidad reconoce en Madiba a uno de los seres más desprendidos, honestos y ejemplares de nuestra historia. Su lucha fue justa y rindió frutos.

 

Quienes hoy gobiernan a nuestra Venezuela ejercen el poder con arrogancia, con un libro de facturas por cobrar a la vida y con un constante ignorar a quienes no piensan como ellos. Mandela seguro tenía muchas más cuentas por cobrar que cualquiera de ellos. Lejos de arribar al poder para vengarse, quemó todas las cuentas que tenía por cobrarle a la vida. Pensó en grande, pensó en su patria, en unificar a su pueblo. He allí su grandeza.

 

Cuánta falta nos hace a los venezolanos líderes que nos unifiquen y no que nos dividan. Líderes que acrecienten nuestras coincidencias y no nuestras diferencias; líderes humildes en el poder y no soberbios; líderes con sentido de patria y no para quienes patriotas son sólo sus partidarios; líderes que construyan y no que destruyan; líderes que entiendan que todo poder es pasajero y no eterno. Líderes como Mandela.

 

Chávez en sus inicios pudo ser un gran unificador. Decidió dividirnos y acrecentar las diferencias. Sus discípulos no saben hacer cosa distinta. De lo que quizás no se dan cuenta es de que éste, nuestro pueblo, comenzó ya a unificarse por debajo. Está harto de vivir en la constante polarización que no ayuda a resolver los serios problemas que vivimos y los empeora. Esa unificación avanzará. Le pasará por encima a quienes se resistan o traten de impedirla.

 

Nuestra admiración y respeto por Madiba. Por lo que logró y por su pueblo que hoy sufre la angustia y la tristeza de sentir cercana su partida. Le diremos: “Uhambe kakuhle, Madiba”.

 

 

 
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