LA PATRIA BOBA DE MADURO

Rubén de Mayo

Rubén de Mayo

Rubén De Mayo
@rubdariote

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     No hablamos, como bien se aclara en el título, de la patria boba de la primera República, 1811-1812, en la cual la voluntad constitucionalista federal quiso suplantar la necesidad real de hacerse con un gobierno fuerte para enfrentar las pugnas y la confrontación disgregadora. Hablamos de esta patria boba del: tenemos patria, en la cual se nos dice, sin vergüenza alguna, que hay una patria bonita y que es a partir de la llegada de Chávez al poder que podemos decir muy sentida y lacrimosamente: tenemos patria.

 

     Una de las características del fascismo, es el ensalzamiento y la veneración de la nación como entidad supra-individual y espiritual, que aglutina los rasgos más preciosos y señalados de un colectivo, su quintaesencia, a la manera de Hegel. A la izquierda, y mucho más a la extrema izquierda (incluyamos aquí el anarquismo; recordemos el feroz y mordaz ataque de Bakunin, en un escrito bien conocido, a la idea y concepción de la patria), siempre le ha producido recelo y desconfianza, por ser un invento burgués (revísese cualquier manual de marxismo), lo local, lo nacional, “la patria”.

 

19 Mano Venezuela colorDe ahí que la revolución socialista deba ser mundial, de todos los proletarios, de toda la clase trabajadora, con independencia de su nacionalidad, como quería Marx (“proletarios de todos los países, uníos”, es la consigna que se enarbola en el Manifiesto Comunista).  Ese desprecio de la izquierda y el marxismo por la idea de nación y la concepción romántica de patria, se expresó en términos reales en la creación de la Unión Soviética, que pretendía eliminar las fronteras nacionales en aras de borrar las falsas diferencias entre los hombres y fomentar un sentido de pertenencia clasista internacional del proletariado para combatir y abatir al malvado capitalismo (lo dicho no es óbice para reconocer la presencia, en el siglo XX, de estados socialistas de corte nacionalista, como el caso de Rumania, por ejemplo).

 

     Muy de derecha es, entonces, ese sentimiento exacerbado nacionalista y el orgullo patrio, que derivó en Alemania en el nazismo, en la creencia de un pueblo constituido por una raza de hombres superiores, que tendría como norte y objetivo colectivo, en nombre del progreso y la salvación de la humanidad, dominar, dirigir e imponerse sobre los demás pueblos y naciones. Muy de derecha es también, a nuestro ver, la consigna chavista de: “alerta que camina la espada de Bolívar por América Latina”.

 

     La consolidación de Venezuela como nación se hizo muy difícil y trabajosa de conseguir. Preferimos lo local, lo regional y el terruño chico, de ahí que durante todo el siglo XIX el caudillismo y la guerra civil fueran las constantes. Tuvimos que inventarnos un culto laico, el culto a Bolívar, para cohesionarnos alrededor de una gesta independentista de carácter épico y sobrenatural, y de un hombre que resumía en sí todos los rasgos más caros de nuestra nacionalidad, para sentirnos orgullosos nada más, porque:¿nosotros nos parecemos a ese Bolívar inmarcesible e inalcanzable? ¿Somos el pueblo de Bolívar? ¿Somos igual a él; o somos de carne y hueso?

 

     Tal expediente no es exclusividad de los venezolanos, todas las colectividades han encontrado en el pasado elementos para su articulación e identificación. Lo que es nuevo entre nosotros es este sentimiento banal y ridículo que encierra la expresión: “tenemos patria”.

 

¿Tenemos patria porque Chávez nos la dio, en su lucha titánica contra el imperio yanqui? Usted y yo éramos venezolanos antes de la llegada de Chávez al poder. El sentimiento patrio obra irracionalmente, por ser un sentimiento; una vez que alguien se cocina en la caldera emotiva de tradiciones, costumbres y cultura comunes, se funde con el contexto, siendo expresión del mismo.

 

     A mí no me queda más remedio que ser venezolano, que tener patria, no tengo otra opción. Y tan a gusto me siento en mi casa-patria, aunque tenga la esperanza de una mejor, que puedo criticarla acerba y despiadadamente; y la critico a placer, a mis anchas, precisamente porque es mi casa. Sin embargo, en esta patria boba que padecemos hoy día, el sentimiento patrio pasa por un aplauso conformista y complaciente a la arepa, así no le guste; a la música llanera, así le disguste la voz nasal de sus cantantes; al queso blanco de año, así considere que es muy salado.

 

     En esta patria boba de Maduro lo único patriótico es hacer una Venezuela Heroica de la arepa, de la música llanera y del queso de año, para no hablar de las caraotas, el dulce de lechoza, el cilantro, el Toronto y el Diablito. Así es la patria boba de Maduro. Tan boba y cruel como la exaltación nacionalista del nazismo; tan ridícula y banal, por chauvinista, como la patria bonita de Chávez, como su: tenemos patria.

 

 

 

 

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