LA VENTA DE ESCLAVOS… Y LOS MISILES DE FIDEL

Thays Peñalver

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Thays Peñalver
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@thayspenalver

 

Una de las cosas que cayeron acto seguido junto con el Muro de Berlín fue la reputación de Fidel Castro. Paradójicamente, esa reputación no cayó para la derecha, que continuó pensando que era el demonio personificado, sino para la izquierda que no daba crédito a sus ojos, al ver que en lo que se marchó el último soviético la economía cubana cayó casi en un 40%. Había bastado un simple acuerdo entre las potencias, una simple firma de acuerdos comerciales entre Rusia y Estados Unidos, por un préstamo en metálico, para que vendieran a Fidel Castro sobre una mesa de negociaciones.

 

11 Castro Misil Bush GorbachovLa reunión fue tan sencilla como esto: “acordamos que antes de darle los préstamos (masivos) Rusia debía dejar de gastar los 5 mil millones de dólares a Cuba” (Bush, 1995, pág. 333). Gorbachov se había reunido con sus asesores internacionales así como los consultores del Politburó y les había pedido por escrito sus recomendaciones: “el Barbudo ha destruido a la revolución y ahora va a destruir a su nación” se oyó. “Ya nadie los toma en serio”, “no son ejemplo para nadie”, “el factor Cuba se ha ido a la porra”, estas son las palabras del diario de Anatoly Chernaiev principal asesor internacional sobre lo que expresaron. “La gente seria de América Latina ha comprendido que el camino es otro para alcanzar la prosperidad”, “él va a seguir la senda hasta el final”, “es biológicamente incapaz de cambiar”, “con su visión anacrónica”, “darles más dinero es inútil y además ha corrompido a Cuba”, además “ya no nos sirven para nada” sentenciaron, en una carta firmada por todos los asesores de Gorbachov en 1988. (Chernaiev, 2000. Págs. 147-48)  y así Gorbachov, aunque no estuvo feliz de hacerlo, firmó las políticas para quitarle a Cuba toda su reputación (Gorbachov, 1996, pág. 513).

 

Paradójicamente todo ocurrió en la isla de Malta y a bordo de un crucero de lujo llamado Maxim Gorky, cuando Gorbachov le pidió a Bush y a los occidentales dinero contante y sonante para salvar a Rusia del despelote. Aquello no podía ser más poético por llamarlo de alguna manera, Malta había sido uno de los últimos puertos de venta de esclavos y el 3 de diciembre de 1989, al parecer se terminó por vender, al último de ellos, Fidel.

 

Para que entiendan la ilusión que tenían los soviéticos en Cuba, el producto interno bruto cubano en 1989 era de 30 mil millones, mientras el de Colombia era de 39 mil millones. El genocidio económico producto de la marcha de los soviéticos y la negociación sobre un trasatlántico, costó el 36% del PIB y todo el crecimiento posterior. 20 años más tarde Colombia tenía un PIB de 210 mil y Cuba apenas de 60 mil millones.

 

Y allí quedaron solos, desnudos frente a su archienemigo. Aquél al que le habían expropiado las empresas, fusilado a sus hombres y de quien se burlaron haciendo unas expropiaciones por debajo de los precios reales, aquél al que habían insultado en la radio mucho antes de Bahía de Cochinos, al que tuvieron la osadía de colocarle misiles termonucleares. Era muy fácil insultar cuando se cuenta con 5.000 cabezas nucleares de respaldo, pero sin estas, la vergüenza había llegado. Fidel nunca entendió que “no hay tal cosa, como un almuerzo gratis”.

 

Valga la aclaratoria cuando la pueril revolución “a la venezolana”, exhibe orgullosa una soberanía “de mentirijillas”, basada en imponentes desfiles militares repletos de aviones, tanques y misiles hechos por quienes vendieron a Fidel por un plato de comida. Valga la aclaratoria porque hoy quienes venden estos artefactos están gobernados por empresarios, más “capitalistas salvajes” que los estadounidenses y que son dueños de equipos de fútbol en Europa y los yates más costosos del planeta. Valga decir que China, es el primer socio comercial de Estados Unidos y su principal “accionista”.

 

Valga la consideración de que ahora los 500 mil barriles que dejamos de enviar a Estados Unidos, han sido reemplazados por petróleo ruso. Valga el pertinente mensaje para que los niñatos soberanos, entiendan que Rusia es uno de los principales inversionistas en “el imperio yankee” y viceversa.

 

Cuando Chávez siguió el consejo finalmente del atrasado Ceresole de no permitir que Drácula (Fidel) le chupara la sangre y buscar el apoyo de Rusia (Garrido, 2001), nunca entendió que todo había cambiado y que Fidel estaba vendiendo mano esclava para sobrevivir. Y Venezuela terminaría estancada como Cuba, víctima de los trasnochados, que viven guarecidos tras un Muro de Berlín, que solo existe en sus cabezas. Trasnochados que nunca entendieron que cuando muerden los vampiros, el mordido se convierte en uno.

 

“Disculpen señores revolucionarios, ¡Es solo una cuestión de negocios!” fue lo que debieron decir Bush y Gorbachov mientras chocaban sus copas de champaña y degustaban el caviar de Beluga a bordo del lujoso trasatlántico. Al mismo momento que Fidel gritaba a los cuatro vientos que ahora sí, de verdad, verdad, Cuba era soberana e independiente, porque le acababan de llegar los nuevos misiles rusos, que al parecer,  terminaría vendiendo hace pocos días (AFP 16/07).

 

 

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*TITULO ORIGINAL: Maduro y los misiles de Fidel

 

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