¡Te recibiremos con brazos abiertos!

Orlando Viera-Blanco

Orlando Viera-Blanco
vierablanco@gmail.com
@ovierablanco 

 

Leo mucho en estos días artículos, mensajes, Twits, que trasladan a Capriles & Co. frustraciones acumuladas del sector opositor. “Capriles no las estás debiendo… Capriles eres un fraude… Capriles: o no sabe hacia a donde va o te las sabes todas y sabes esperar”. La impaciencia conduce la intemperancia, en un país castrado por una anomia moral profunda y atrapado por una ideología de botiquín. La última: Mr. Edward Snowden plantea venir a Venezuela. Y no pasará nada de nada, porque quienes debemos reaccionar a esta ufanada nos mantenemos ocupados exigiéndole a Capriles y a la MUD… lo que no hacemos nosotros mismos.

 

eva_golinger_snowdenMientras Maduro trata de ocultar su ilegitimidad con protagonismos baratos (que pagaremos caro), muchos venezolanos seguimos deshojando la margarita milagrosa: será la MUD, Capriles; serán algunos militares insurrectos o el pueblo descontento; será el imperio, una guerra civil o será Dios –sic. Por los vientos que soplan o los que dejan de soplar, todo parece indicar que ninguna de aquellas externalidades serán los escapularios que envíen al purgatorio este largo y pesado capítulo llamado Venezuela Bolivariana. Sigo pensando que vamos en carreta y a caballo (inmovilizados) por ese mal hábito de endosar al vecino, a la fortuna o a la fe, nuestra suerte y nuestro destino. En ese afán de delegar ciudadanía, pasamos décadas buscando otro responsable que no sea yo. Algunos más vivos que otros, en tiempos donde aquéllos superan a los “tontos”, han decidido plegarse al proceso. Y han amasado fortunas y privilegios como pocos, aun cuando ese éxtasis pueda suponer la desgracia de verse tras las rejas, en el exilio o en el cementerio.

 

Hoy la sociedad venezolana con espantosa ligereza e impunidad, ha desmontado sus principios y valores ciudadanos. Y como dice nuestro sempiterno amigo Revilla, sociólogo a todo sesgo, que no pierde de vista a Weber ni a Lipman, los pueblos no terminan siendo ni buenos ni malos; ni decentes o indecentes, sino pueblos confinados a sus propias virtudes o tiranías. No sólo a la tiranía del totalitarismo como diría Arendt o a la tiranía del igualitarismo (Popper), sino a la de nuestras propias carencias y omisiones. Así termina siendo Capriles nuestro verdugo (tanto como el que sí lo es). Y este pan: “Capriles me la debes”. Yo pregunto: ¿Y yo no debo nada?

 

Aquí llegará el flamante exCIA Mr. Snowden y lo recibirán con honores y cañonazos. Con cuerpo diplomático en cabeza de avión, por el gobierno y con cuerpo perplejo pero inerme, por el resto… Por ese otro país -disidente- que no se articula en torno a nadie (pero cómo critica), por lo que tiene mucho que reflexionar. Ese otro país que no es bueno ni malo; digno o indigno, sino simplemente, no-es, no-está, no-existe, porque no evita sus propias injusticias. Venezuela -la de brazos abiertos o la de brazos caídos- -da igual- le dará casa, comida y un programa en VTV a Snowden con Eva Golinger… un hombre que solo le dará luz al gobierno (de cómo jalear) pero grandes dolores de cabeza a los venezolanos. Otro trofeo -si acaso representación- de nuestra sensible pasividad.

 

 

 

 

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