Cremallera moral

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com
@veedoramadre

 

La causa de la revolución justifica el más monstruoso desfalco a los bienes nacionales

 

El límite entre el bien y el mal corre sobre una cremallera de justificaciones personales. Cada quien justifica sus actos para hacer pasar por bien lo que hizo mal. Algunos porque la culpa es un fardo pesado. Otros porque ni siquiera tienen consciencia moral; para ellos todo vale.

 

Cuando entrevisté a implicados en casos de corrupción para el Diccionario de la Corrupción en Venezuela, manifestaron su inocencia. Sus acciones fueron siempre en beneficio del país y los desvíos eran sentidos como legítima retribución del Estado o particulares por sus esfuerzos y sacrificios. Cuando Blanca Ibáñez, secretaria privada y amante del expresidente Lusinchi, exclamó ante la vindicta pública: “¡Pero si yo sólo les di lo que todos me pedían!” estaba expresando una legítima indignación moral: aquellos que antes le pedían ahora venían a apedrearla. Pero también estaba manifestando una colectiva ignorancia moral; cierta incapacidad para distinguir el bien público del común.

 

Tengo 15 años recolectando denuncias, al azar, sin ánimo de emprender lo que ahora sería una tarea enciclopédica sobre la corrupción del chavismo. Es la magnitud lo que hace de este régimen una máquina diabólica de corrupción. Cuando había democracia, la pluralidad política permitía cierto control cuantitativo y había límites al corrimiento del valor moral. Ahora, aunque es noticia diaria los billones de dólares amasados por los nuevos ricos del chavismo, no pasa nada; siguen pegados cual garrapatas medrando de los controles socialistas que permiten germinar negocios sucios financieros a costa de la destrucción productiva del país. No hay denuncia que pueda fijar el carro del valor moral sobre la cremallera. La causa de la revolución justifica el más monstruoso desfalco a los bienes nacionales jamás efectuado en la historia de Venezuela.

 

Sin embargo, el impostor que ha asumido la conducción de esa máquina de corrupción socialista osa acusar al mandatario español de corrupto. Nuestra cremallera moral es una montaña rusa.

 

 

 

 

 

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