EL PAPA EN BRASIL

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos

Elizabeth Burgos
eburgos@orange.fr

 

Bajo el signo de la juventud, el flamante sumo Pontífice, realizó su primer viaje internacional

 

La estadía del Papa Francisco en Brasil, país que pese al auge que han conocido en los últimos años las corrientes evangélicas posee la mayor población católica del mundo, coincidió con la celebración de las décimo octavas Jornadas Mundiales de la Juventud 8JMV) que se celebraron esta semana en Río de Janeiro (del lunes 23 al domingo 28 de julio). Pero también, y en particular, la presencia del Papa Francisco coincide con el pesado clima social que reina en el país tras las masivas manifestaciones denunciando el derroche y la corrupción reinantes en el seno del poder del pasado mes de junio.

 

De hecho, el entusiasmo desbordante con el que el Papa fue acogido por la población, se vio contrariado por manifestaciones de protesta en torno al palacio del gobernador del estado de Río, donde el Papa tenía concertada una reunión con la Presidente Dilma Rousseff. Es evidente que los manifestantes han querido aprovechar la masiva presencia de medios extranjeros para captar la atención y dirigirla hacia sus reivindicaciones. Pese a la voluntad de contacto directo, como lo ha venido haciendo desde su elección, esta vez, el Papa Francisco se vio obligado a aceptar que fuera trasladado en helicóptero, debido a los problemas de seguridad que plantea su presencia en el convulsionado Brasil. El hallazgo de una bomba artesanal de poca potencia, en el santuario de Aparecida, donde el papa debía celebrar una misa, disparó las alarmas y sirvió de argumento para convencerlo a plegarse a las normas de seguridad.

 

330 Papa Brasil

 

Sin referirse a los recientes acontecimientos que han conmovido a la sociedad brasileña, de manera sutil demostró su sensibilidad social, al declarar delante de Dilma Rousseff: “Nuestra generación se revelará a la altura de la promesa que reside en cada joven cuando sabrá ofrecerle un espacio y asegurarle condiciones materiales y espirituales necesarias a su desarrollo”.

 

Consciente de la sensible pérdida de influencia en Brasil, en donde otras obediencias religiosas han ocupado el terreno que fue otrora monopolio dela Iglesia católica, además de las críticas de las que es objeto y la pérdida de influencia entre los jóvenes el Papa ha sido muy cuidadoso en sus declaraciones y más bien ha mostrado una actitud humilde, evitando comportarse como si se encontrara en terreno conquistado. “He sabido que para acceder al pueblo brasileño, había que hacerlo por la puerta inmensa de su corazón”, declaró al llegar a Brasil, “que se le permita tocar delicadamente ante esta puerta. Pido el permiso de entrar y pasar esta semana con ustedes”. “No traigo ni oro ni plata”, declara, buscando suscitar “la empatía para establecer un diálogo entre amigos”.

 

Su primera gran misa la celebró en el santuario mariano de Aparecida, uno de los más grandes del mundo dedicado a la Virgen, Nuestra Señora de Aparecida, patrona del Brasil. Sólo 15.000 fieles pudieron entrar en la basílica; 200.000 debieron permanecer en el exterior*. El Papa Francisco ya había expresado al ser proclamado Papa, que confiaba a la Virgen su Ministerio de sucesor de Pedro. De allí la expresión de alegría por encontrarse en “la casa de la Madre de cada brasileño” y a pedirle a la Virgen por el éxito de la NMJ, y “depositar a sus pies la vida del pueblo latinoamericano”. También fue la ocasión para criticar la sociedad de consumo y de ciertas Iglesias evangélicas, en particular en expansión en el Brasil  que abogan por una “teología de la prosperidad”, él exhorta a los jóvenes a desconfiar de los “ídolos efímeros”, como son “el dinero, éxito, placer y el poder”. “tengamos una mirada positiva sobre la realidad”, propone Francisco.

 

En 2007, el entonces arzobispo Jorge Bergoglio asistió en esa misma basílica a la 5ta Conferencia episcopal de América Latina y del Caribe, en donde oró por la reconciliación de un episcopado dividido a consecuencia de la teología de la liberación. Fue él quien redactó el documento final con un marcado contenido social, poniendo el acento en la “opción por los pobres”, recordando las desigualdades sociales imperantes en un continente que alberga el 40% de los católicos del mundo. Ese documento ha adquirido con el tiempo el estatus de programa. Y así lo recordó, en el transcurso de la celebración de la misa en el santuario de Aparecida.

 

Durante la conferencia Episcopal, recordó Francisco, sucedió un hecho muy bello y significativo del cual se percató personalmente, y fue el ver cómo los obispos “se sentían animados, acompañados, inspirados, por los miles de peregrinos que acudían a confiar sus vidas a la Virgen”. “esa conferencia fue un gran momento de la Iglesia”. La voluntad de actualizar, y darle preeminencia a ese documento, fue muy manifiesta al declarar que el documento de Aparecida es muy conocido, justamente a causa de la alianza entre el trabajo de los pastores y la fe simple de los peregrinos, bajo la protección maternal de María”. “Cuando ella busca a Cristo, la Iglesia toca a la puerta de la casa de su Madre y pide que “nos muestre a Jesús”. “es de ella que aprendemos a ser verdaderos discípulos. Es por ello que la Iglesia va en misión marchando siempre en la senda de María”.

 

No hay duda acerca de la devoción que le profesa el nuevo Papa a la Virgen María. Pero tampoco se puede ignorar, que la pérdida de influencia de la Iglesia en el mundo, no se debe a una indiferencia hacia la religión, basta con recordar la influencia creciente de las corrientes evangélicas en América Latina y el resurgimiento del Islam, no sólo en los países en donde siempre fue un poder, sino también en Europa. La Iglesia Católica padece de una crisis profunda. Su distanciamiento de las capas más desfavorecidas, los problemas de corrupción y de pedofilia, son elementos suficientes como para explicar la deserción incluso de los más fieles.

 

Magnificar la simbólica mariana, significa apelar a la población femenina a convertirse en aliada de la Iglesia. Política con la que los evangélicos han cosechado éxitos significativos, dado que las mujeres son las principales víctimas del territorio social, puesto que en las mujeres de las capas desfavorecidas de la sociedad, recaen las consecuencias de la delincuencia, de la violencia, del alcoholismo de maridos e hijos. De allí que el Papa Francisco, se dirija también a la juventud, que vendría a ser en su esquema, la conclusión lógica de la maternidad.

 

Si ha venido al Brasil con ocasión de la JMJ, también ha venido a tocar a la puerta de la casa de María quien “amó y educó a Jesús”, para que ayude a los pastores del Pueblo de Dios, padres y educadores, a transmitir a nuestros jóvenes los valores que “los harán artesanos de una Nación y un mundo más justos, más solidarios y más fraternales”.

 

La elección del cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, además de constituir una novedad histórica por tratarse del primer Papa latinoamericano, y la manera cómo ahora el Papa intenta operar cambios significativos en el seno de la Iglesia, pone a la orden del día, la posibilidad del advenimiento de una nueva teología inspirada por el contexto latinoamericano que inspiraría a su vez, a la Iglesia Católica, que pese a su pérdida de influencia y a la severa crisis que atraviesa, sigue siendo una institución que ejerce una influencia a nivel planetario. Nunca había habido en los cincos siglos de historia occidental de América latina, un latinoamericano cuya influencia abarcara el mundo.

 

 



* En la última Misa de Francisco, celebrada en Copacabana, los medios internacionales estimaron la multitud de creyentes en 3 millones de brasileños.

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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