Ser «barra brava»: Un negocio muy lucrativo que se paga con la muerte

331 IMAGEN-4734453-2Más de 200 personas han perdido la vida en Argentina a costa de la violencia que rodea al fútbol. Un fenómeno que, sin embargo, alcanza a facturar ilícitamente varios millones de euros al año

Aitor Santos Moya

Argentina ama al fútbol, como el fútbol hace lo propio con su mayor icono, Diego Armando Maradona. De todos los países donde el deporte rey ha logrado cierto calado en la sociedad, es en este país de Sudamérica donde se respira mayor pasión por el mundo de las gradas. El sentimiento se torna en devoción y la devoción pasa a ser un estilo de vida.

En los últimos 5 años se han producido 43 muertes violentas

El problema nace cuando ese estilo lleva aparejado el término «barras bravas». Así se conocen a los grupos de hinchas organizados y extremadamente violentos, surgidos a partir de los años 70, que hoy día campan a sus anchas por los estadios de fútbol argentinos. «Todos los equipos tienen barras bravas, puede que les falte el portero, algún defensa o un delantero, sin embargo, lo que sí tienen siempre es la barra», declara Juan Pablo Varsky, periodista deportivo argentino.

Con una media de 6 muertos cada año y más de 200 personas fallecidas desde la aparición de este fenómeno, las «barras bravas» se han convertido para los más jóvenes en refugios de pertenencia, un sitio donde sentirse alguien. Lugares en los que atributos negativos como la violencia o el tráfico de drogas adquieren el rol de reputación y respeto.

«Barras bravas» punteras como «La Doce» (Boca Juniors), «Los Borrachos del Tablón» (River Plate), «La Guardia Imperial» (Racing Club de Avellaneda) o «Los Diablos Rojos» (Atlético Independiente), pueden llegar a facturar al mes, de forma ilícita, miles de euros. Extorsión, tráfico de drogas, reventa de entradas que obtienen de los clubes… son algunos de los métodos para lograrlo.

Buenos Aires, una olla a presión

La capital de Argentina es la ciudad con más equipos de fútbol del mundo. Un perfecto caldo de cultivo para cualquier fanático de este deporte. Cada fin de semana, cientos de autocares de «barras bravas» cruzan la ciudad para ir a los partidos. A pesar de los esfuerzos de la policía, el choque entre hinchadas rivales es inevitable. «A lo largo de la historia, los clubes han subvencionado a los grupos radicales», sentencia Tim Vickery, cronista británico deportivo.

Marcela Mora y Araujo, reportera especializada en fútbol argentino, advierte de que, a diferencia de la mayoría de clubes europeos, en Argentina todos son asociaciones y no empresas, «los aficionados pueden ser miembros del club y votar a un presidente u otro». Es decir, los dirigentes necesitan los votos de la grada y ahí es por donde empiezan a adquirir un papel relevante las «barras bravas».

«Es muy común que la barra aparezca para intimidar a jugadores, técnicos o dirigentes con el objetivo de recibir una cantidad de dinero u otros beneficios a cambio», aclara la periodista. En ocasiones, estos chantajes se producen a cambio de no revelar chanchullos en forma de comisiones que obtienen los directivos por el traspaso de jugadores. Una especie de «compra de silencio».

ABC.es

 

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