CHINA: AUSTERIDAD Y REBELDÍA

Beatriz de Majo

Beatriz de Majo

Beatriz De Majo
beatriz@demajo.net.ve
@beatrizdemajo

 

 

Llegado Xi Jing Pin al poder, el pasado 14 de marzo, una de sus primeras medidas fue la de apretarles el cinturón a los empleados públicos. De un plumazo se prohibieron banquetes de todo tipo, recepciones de alfombra roja, viajes que no fueran indispensables. Los gestos de austeridad aspiraban a lavarle la cara al Gobierno frente a los gobernados en momentos en que el país entero atravesaba momentos económicos difíciles. La decisión era, además, una manera de ponerle coto a hechos de corrupción que habían dañado la imagen del Partido Comunista ante sus administrados.

 

Si las élites gubernamentales se tomaron el asunto en serio, otro tanto hicieron las empresas estatales. Detuvieron el gasto suntuoso como una forma de ponerse en sintonía con el mensaje gubernamental.

 

Menos de un año más tarde Xi vuelve con otra medida encaminada a transmitir la idea de frugalidad. No podrán durante cinco años construirse nuevas edificaciones gubernamentales ni regionales. Los medios de comunicación, igualmente, detendrán obras en planificación y el país entero recibe de nuevo un mensaje de contención a la extravagancia y al gasto ostentoso.

 

Xi Jin Ping

Xi Jin Ping

Centros de entrenamiento, hoteles y moteles gubernamentales, centros de convenciones fueron metidos en el mismo saco.

 

Una actitud moralizadora es lo que se evidencia con las medidas impuestas desde lo alto del poder. Una buena dosis de austeridad y de limitación de los excesos tendría un buen efecto en la economía nacional, no cabe duda, pero la imposición de los estrictos límites parecería más bien ser una nueva pieza de una cruzada masiva y principista del gobernante, encaminada a materializar su mensaje de eliminación del “burocratismo, el hedonismo y la extravagancia”… Todas palabras sagradas del jefe del Gobierno.

 

Lo que se está haciendo protuberante en China es que estos elementos ideológicos y morales que son abrazados ­además de impuestos­ por los líderes, no están encontrando un eco solidario en otros niveles del propio partido. La disidencia se hace presente en asuntos de forma y también de fondo.

 

El recorte de más de 70% en el presupuesto de los juegos deportivos de Liaoning ­suerte de olimpiadas chinas que el país espera con pasión­ han generado no poca urticaria en la población.

 

Es sabido, además, que el discurso de Xi en abril pasado, sembrado de consideraciones moralizadoras, se topó con fuertes y abiertos cuestionamientos en la academia y en algunos círculos del poder partidista.

 

La rebeldía se está poniendo de moda y la democracia como concepto está cada día más en el candelero.

 

Fracturas de esta naturaleza en los altos círculos del poder en el mundo occidental conducen, casi indefectiblemente, a cambios políticos profundos.

 

La férrea garra que se mantiene dentro del PC no permite que la disidencia aflore con facilidad y aun así, el periódico interno partidista le ha dado cabida a artículos de protesta universitaria.

 

El asunto no le quita todavía el sueño a Xi, pero su atención temprana no debe ser deleznada. El ejercicio de la autoridad debe ser dosificada para no provocar, en China como en otras partes, turbulencias desestabilizadoras.

 

 

 
Etiquetas ,

Artículos relacionados

Top