EL TIEMPO CUENTA

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

La carencia institucional permite mayores abusos cada día. El levantamiento de la inmunidad parlamentaria de Richard Mardo violando todas las normas constitucionales es apenas el más reciente ejemplo, pero no será el último. Es este un gobierno sometido a las pautas dictadas por los Castro y sus secuaces, para quienes las instituciones no existen y los presos y perseguidos políticos son algo normal.

 

Pero la falta de independencia de los poderes públicos no es el único hecho de gravedad. Como consecuencia de ello, el narcotráfico se ha arraigado en el corazón de las más altas esferas del ejecutivo y de la Fuerza Armada, mientras que el terrorismo internacional ha conseguido cobijo y financiamiento en territorio venezolano, todo ello aunado a un estado de corrupción generalizada y violencia desatada.

 

Debe tomarse en cuenta que el paso del tiempo favorece el arraigo del totalitarismo y delincuencia en Venezuela y hará más complejo el proceso de transición. Quien dude de esto, sólo pregúntese si lo que se le hizo al diputado Mardo, o el atentado que sufrieron los diputados María Corina Machado y Julio Borges, o el asesinato a cuenta gotas de Simonovis, que imita el de Franklin Brito, hubieran sido posibles en los dos primeros años del gobierno de Chávez. Siendo no la necesaria respuesta, es de pensar que el proceso totalitario se seguirá profundizado con cada día que pasa.

 

Por ello, cualquier estrategia de confrontación al gobierno debe incluir las elecciones pero no debe agotarse en éstas. Limitar toda la lucha contra el régimen a procesos electorales viciados y esparcidos en el tiempo podría llevarnos hasta las elecciones del 2024 con el chavismo gobernando para servir a los oscuros intereses a los que se debe y se habrá condenado a toda una generación a vivir en la miseria material y política.

 

Es necesario implementar una estrategia de lucha no violenta, concertada con el liderazgo político, que provoque el retorno a la democracia en un tiempo relativamente breve. No es fácil, pero con el tesón y valentía que han demostrado los principales líderes de oposición, una seria y planificada organización, así como una dosis de creatividad, se puede galvanizar un movimiento que defienda con firmeza la democracia y el Estado de derecho frente a los atropellos patrocinados desde Cuba y desde grupos delincuenciales que han capturado buena parte del Estado. Si no se traza una estrategia en estos términos quedará todo sometido al azar de que “el gobierno se desplome solo” o a la aventura de un golpe militar, los dos peores escenarios posibles.

 

 

 

 

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