¿QUIÉN FUE…?

Peter K. Albers

Peter K. Albers

Peter Albers 
peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

En un programa, que pregunta quién quiere ser millonario, vimos a un concursante responder muy satisfecho que el instrumento que toca Lisa Simpson, es el saxofón, pero se quedó mudo cuando le preguntaron si Ángel Sauce era pelotero, pintor, novelista o músico. Otro respondió, muy orgulloso, el nombre del baterista de un pésimo conjunto de rock, pero ignoraba que Antonio Lauro fue uno de los mejores intérpretes venezolanos de la guitarra. Estoy seguro de que más de un concursante necesitará “utilizar un comodín” si le preguntan quién fue Humberto Fernández Morán, pero responderá muy orondo quién es “Kung Fu Panda”, por ejemplo. Otro tuvo que “llamar a un amigo” cuando se le preguntó sobre “La Cosiata” (lo cual tampoco “el amigo” supo).

 

examen en blancoTodo eso refleja la calidad de la enseñanza en escuelas y liceos del país. Alumnos universitarios que no saben quién fue Cipriano Castro o dónde queda Güiria, o ignoran qué es un logaritmo, pero sí saben el ganador del último Barça – Chelsea o quién es Justin Bieber, son signos de que algo está muy mal en la educación del venezolano. Alarmantemente, lo irrelevante y frívolo está ocupando demasiado lugar en el cerebro de las nuevas generaciones. O está dejando de serlo.

 

Por supuesto que nos llena de orgullo el avance de nuestras orquestas infantiles y juveniles, o el que existan músicos como la brillante pianista Gabriela Montero o el más conocido director de orquesta Gustavo Dudamel. Son emblemáticos productos de un movimiento que comenzó en 1975, durante el período presidencial de Luis Herrera Campins, gran impulsor de la cultura, y entre cuyos logros resalta la construcción del Complejo Cultural Teresa Carreño.

 

Seguramente el llamado “Sistema de Orquestas”, creado por José Antonio Abreu, ha impedido caer en el delito a miles de jóvenes venezolanos, pero, aún siendo encomiable y de gran impacto, no es acción suficiente para marcar un giro significativo en el nivel cultural de nuestra población. La mayoría de nuestros jóvenes permanecen en la ignorancia y sin preparación para un mundo cada vez más tecnificado y exigente, y las oportunidades de trabajo estable y digno son pocas para absorber a una masa creciente en volumen, pero decreciente en preparación académica. Así, el futuro es bastante desesperanzador para la juventud venezolana, carente de suficientes oportunidades para su educación, con escasas escuelas y liceos, la mayoría en mal estado por la falta de atención del ente gubernamental responsable de su existencia.

 

Quienes denigran de la llamada “Cuarta República” y sus logros, ignoran que en 1958 había en Venezuela unas ocho universidades, y que en el año cuando Chávez llegó a presidente de Venezuela se contaban un poco más de cien. Igualmente se incrementó sensiblemente el número de escuelas y liceos, dada la importancia que los gobiernos democráticos de ese período dieron a la educación de la juventud venezolana.

 

Hoy, nuevamente podemos contar con los dedos de las manos (y nos sobran) el número de universidades creadas en década y media de un “Gobierno socialista” que ni Gobierno ni socialista es, viviendo el país repetidas situaciones de conflicto entre las universidades y el Gobierno que debe financiarlas.

 

Pero mucho más importante es saber qué instrumento musical toca Lisa Simpson.

 

Y más importante todavía, comprar aviones de guerra.

 

 

 

 

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