EL SEÑUELO CONSTITUYENTE

 

JESÚS HERAS –  

 

“Ningún ejército puede detener una idea a la que le ha llegado su momento   Víctor Hugo

 

En un país como el nuestro, que ha tenido 26 constituciones en sus 183 años de vida republicana, nada extraño que, transcurridos casi tres lustros de la última carta magna (1999), importantes voces hayan surgido llamando a redactar una nueva.

 

La iniciativa fue avivada hace cinco años, cuando una vez derrotada por votación popular la reforma propuesta por Hugo Chávez en 2007, éste se valiera de todo tipo de artimañas, referendo, decisiones amañadas del TSJ, etc., para hacer efectivos sus deseos, primero, de aspirar a reelecciones indefinidas, y luego, de colocar en sus manos aun mayores cuotas de poder.  Tanto nadar, diría el pescador, para morir ahogado en la orilla.

 

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Extraño podría ser el planteamiento, sí, para los integrantes de la generación del ‘58, hombres y mujeres ya pisando los 70, que solo vieron nacer una Constitución, la del ‘61… y ésta, no de una Asamblea, sino de un Congreso bicameral

 

Anticipable como era la nueva iniciativa, muy diferentes lucen las motivaciones.  Algunos, con inusitado fervor, llevan adelante un extenso proceso de consultas, deseosos producir la mejor Constitución del mundo: llamémosla la fórmula ideal. Otros, en cambio, la promueven como fórmula expedita para convocar a elecciones y renovar los poderes: Un carmonazo legal.

 

Convocar una Constituyente como herramienta para renovar mandatos, tiene en nuestro caso cierto asidero. En el marco de la polarización que existe, un nuevo Presidente, sin contar con el respaldo o tener afinidad alguna con los demás poderes, difícil le sería gobernar. Pero lo que se plantea, si lo entiendo bien, es algo distinto.

 

Se pretende recoger firmas para convocar una Asamblea Constituyente sin antes haber elegido a un nuevo Presidente. Algo que tal como lo demuestran pasadas experiencias, la del 2004 en primer lugar,  no llevaría a nada. Si aquellas firmas, consignadas entonces en papel de seguridad bancario, y ante testigos internacionales, fueron desconocidas por el CNE, ¿que podríamos esperar ahora?

 

Y, sin embargo, la propuesta sigue viva. Está en nuestro ADN. Capriles por dos veces la ha planteado. Pese a que son los gobiernos y no las constituciones las que marcan el sendero de la historia, se insiste en una nueva constitución. Además, se argumenta, si Chávez planteó una Constituyente como señuelo en el ’98 y un país harto de su dirigencia, sintió que con ésta, marcharíamos hacia la refundación de la patria, la propuesta puede tener sentido.

 

Claro, si le llega su momento, claro.

 

 

 
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