HOY NO FÍO, MAÑANA SÍ

Américo Martín

Américo Martín

Desde la cima del Ávila
Américo Martín
amermart@yahoo.com
@AmericoMartin 

I

 

El citado y mal comprendido autoritarismo es lo suficientemente amplio como para abarcar expresiones diferentes. Sus manifestaciones extremas son la dictadura clásica y el totalitarismo moderno. Pero en camino hacia esas alturas sombrías aparecen formas intermedias: la semi-democracia y la semi-dictadura. No califican como democracias pero tampoco llenan todos los rasgos de las dictaduras. Se dice que ese es el caso de Venezuela.

 

semi-democracia-semi-dictaduraEsos estadios intermedios son fases de un recorrido, momentos disparados hacia sus más claras definiciones. Venezuela tiene dos opciones: avanzar hacia la racionalidad democrática o retroceder hacia la irracionalidad dictatorial, pero hay indicadores peligrosos, presiones  hacia la dictadura que son superiores a las contrarias. Se bloquean los medios, se encarcelan opositores mediante el uso grosero de un Poder Judicial indigno de ese nombre.

 

La causa de eso parece clara. El gobierno de Maduro está en serios problemas. Teme perder las elecciones municipales,  posteriormente las legislativas y al final  las decisivas, las presidenciales. El hondo fracaso del modelo chavo-madurista explica la tendencia hacia el cambio de poder.

 

Llama muchísimo la atención la percepción de la gente acerca de los problemas del país. Encabezan la lista la inseguridad, el costo de vida y el desabastecimiento. Con ser el país más corrupto del hemisferio, el nuestro está tan agobiado por aquella tríada que la corrupción no ocupa los primeros lugares.

 

Y lo peor es la irreversibilidad. Son problemas inconmovibles. Nada puede reducirlos, nada logran los solemnes planes y los mentirosos anuncios del carrusel de ministros sucediéndose en las distintas carteras. Eso se debe, claro está, al naufragio del sedicente modelo revolucionario.

II

 

Sin embargo estas opciones transcurren afortunadamente por el cauce electoral en el marco de la Constitución. El gobierno no ha podido sacudirse el mecanismo  del sufragio, aunque trata de pervertirlo y mete sus manos fraudulentas para enrarecer resultados. No obstante, aún así esos resultados hablan de un aumento indetenible y a pasos largos de la oposición a costa del caudal del gobierno. El 8 de diciembre será una fecha clave para hacer visible la tendencia y prefigurar el futuro inmediato.

 

Por eso lo que  se haga desde la oposición para perturbarlos,  es muestra de una ceguera atroz, no importa las buenas o menos buenas razones que puedan esgrimirse contra tales o cuales candidatos. En ningún caso la división estaría en capacidad de mejorar nada, sino antes bien lo hundirá todo. A mí no me interesa en absoluto el intercambio de acusaciones que emane de una derrota. Importa la derrota misma… y sus consecuencias sobre el destino del país. La mas es el fortalecimiento de la tendencia hacia una franca dictadura.

 

Cuando veo amigos míos engolfados en denuncia tras denuncia contra la MUD no pongo en duda su honestidad ni su sinceridad. Pongo en duda su buen juicio.

 

El gobierno se vale de fórmulas arcaicas pero sonoras para justificar su deplorable gestión. Puede admitirla, y no obstante absolverla en nombre de sagradas abstracciones. – – – Cometemos errores, ellos dirán, pero somos la izquierda. No hemos acertado en la transformación profunda del país, pero somos el socialismo.

 

Y contra “la izquierda” y “el socialismo” no hay derecha ni capitalismo que puedan. La división ideológica maniquea es la manera de justificar la división del país y la exacerbación del odio. El miedo al diálogo, la agresiva intolerancia frente a opiniones diferentes en el marco de un país normal, se  protegen mejor escondiéndose bajo el mullido abrigo de la izquierda y el socialismo.

III

 

Sobre el socialismo realmente existente se han pronunciado muy claramente los hechos. Federico Engels, uno de los padres del socialismo científico, solía citar el viejo refrán inglés: the proof of the pudding is in the eating, que en cómodo castellano reza: la prueba del buñuelo se hace comiéndolo. Esos buñuelos han naufragado uno tras otro desde 1917, cuando los bolcheviques de Lenin tomaron el poder en Rusia. Ni uno solo salió indemne. Todos fracasaron o se convirtieron en capitalismos mal vestidos de socialismo. Esos hechos son la prueba de la verdad.

 

Queda la socialdemocracia, sistema basado en el mercado y con un ángulo estato-asistencialista. En rigor, buenas fórmulas en muchos casos, pero no por ser revolucionarias sino tal vez porque no lo son.

 

¿Entonces qué sentido tiene embaular las ideas dentro de esas nociones, si no erróneas, imprecisas y difusas?

 

Comienzo a sospechar que sí  tiene algún sentido aunque de escaso alcance. Se descalifica las posiciones opositoras con los cognomentos de izquierda o derecha y socialistas extremos o moderados cuando no se puede argumentar con fuerza suficiente el fondo de su desempeño.

 

Yo, por ejemplo, no rechazo el modelo de Maduro por socialista, comunista o de izquierda. Hacerlo de esa manera es ayudarlo a encubrir sus grotescas deformaciones. Prefiero, como lo hacen muchos, entrarle a los contenidos mismos, tan agusanados y miserables, antes que perderme en gaseosas, subjetivas y resobadas generalizaciones.

 

Desde el gobierno descalifican con ellas las densas críticas emanadas de la oposición, todo para neutralizar su impacto sobre el oficialismo

 

–       Hablarán muy bien, pero son la ultraderecha al servicio del imperio.

 

Paja, aire, oquedad, nada. En la otra acera no falta quien haga algo parecido. Discrepan de los socialistas duros o moderados que se han “infiltrado” para congelar las protestas e imponer el apaciguamiento y el electoralismo.

 

–       ¿Pero bueno, acaso por el camino electoral no ha crecido y se ha unido la oposición?

–       Si, claro, pero podría haber crecido más

 

Bueno, es el argumento de nunca perder. El del avaro que  hoy no fía, mañana sí

 

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