La caída absoluta

Edilio Peña

Edilio Peña

Edilio Peña
edilio2@yahoo.com
@edilio_p

 

El poder pretende lo absoluto. Espía, cuestiona, juzga y condena con arbitrariedad. A su antojo, cruza todos los límites de la contención y se instala en la totalidad. Posesionado en un Estado, el poder absoluto descubre en el espejo de la adulancia que es Dios, y no ese otro, que vaga en lo inaprensible sin que pintores y fotógrafos, den con su rostro. La conciencia del poder absoluto destrona a Dios. Más, ninguno puede apostar a destronarlo. La eternidad no lo toleraría. Sin embargo, reyes y zares, entregados a la encarnación de la divinidad sobrenatural, fueron sorprendidos por las revoluciones que derribaron las puertas del cielo. La fuente de la Revolución Francesa y de la Revolución Bolchevique, comienza en ese lindero. Dios fue sustituido por una clase que prometía el paraíso, pero la imaginación de la utopía no vio las espinas del sendero.

 

Fidel Castro - Salvador Allende

Fidel Castro – Salvador Allende

Francisco Franco fue un devoto de la cristiandad, y en nombre de Dios, realizó una cruzada macabra -como él mismo la llamó-, para salvar a España del comunismo. Aunque iba a misa todos los días, y se confesaba después de cada carnicería ejecutada contra los republicanos, nunca hubo en él asomo de remordimiento, culpa o arrepentimiento público. Pero, ¿qué pecados pudo haber confesado este general de la Falange en el oscuro confesionario de una capilla? Si lo hizo, ningún sacerdote lo reveló, no sólo por mantener el secreto de confesión obligado, también por creer que Franco era la viva y pura representación de Dios. Además, su mayor pecado era conocido por todos. Los crímenes del caudillo, eran los crímenes de Dios. Dios lo guió más allá del bien y el mal. Él fue su lazarillo, quien entre otros caprichos, le permitió matar también a un poeta, por no gustarle que éste llevara en la boca, el tallo de una rosa roja.

 

Los republicanos estaban guiados por principios ideológicos ateos, contrarios a los religiosos de Francisco Franco. En una sociedad de tradición cristiana como la española, eso fue mortal para el gobierno republicano. Asaltos a iglesias, asesinatos de sacerdotes y violaciones a monjas, hizo fértil el cruento camino para que el golpe de Estado coronado por Francisco Franco, derivara hacia la guerra civil. Franco no sólo solicitó apoyo a Hitler y Mussolini, sino legitimidad en el mismo Vaticano.

 

Francisco Franco

Francisco Franco

Los republicanos erraron al implorar el protectorado del dictador Joseph Stalin, quien creyéndose Dios por diferentes sendas y estepas, expandía su poder absoluto hacia otros países. Así, el gobierno republicano, condenó su desamparo ante las huestes africanas de Franco, y el poderío militar que le facilitaba el fascismo alemán e italiano, porque la comunidad internacional condenaba ya el triángulo del mal, de aquel entonces. En ese pasado ciego, privaba la creencia de que el totalitarismo era una expresión de la derecha, y que la izquierda estaba liberada por la dinámica histórica, de reproducirlo. La conciencia de la época no comprendió esto, y cuando hubo sensatez, la tarde había llegado con los ríos desbordados de la sangre. El totalitarismo bebe del militarismo, naciente de la nueva concepción del poder absoluto. La idea de ser Dios habita en el ego de cualquier dictador.

 

Autor -que el misterio de las conspiraciones sustrae-, del golpe de Estado en Chile contra el gobierno de la Unidad Popular, fue el propio Fidel Castro. Carácter fraguado, paradójicamente, por la orden jesuita, fundada por el monje y soldado, Ignacio de Loyola. Castro necesitaba victimizar el paradigma de la revolución, por razones de sobrevivencia económica y política. Propagar aquella por África y América Latina, fue misión que copió de antiguas cruzadas, desafiando así a la Coexistencia Pacífica de la Unión Soviética, a pesar de que ésta lo sostenía en su poder absoluto dentro de Cuba.

 

Augusto Pinochet

Augusto Pinochet

Salvador Allende cometió el mismo error de la República Española, al demandar ayuda del dictador caribeño para mantener a raya a la oposición política de su país, y a Estados Unidos, que a través de la CIA, conspiraba contra su gobierno. Fidel Castro al gritar en Chile: ¡… cuando la revolución toma el poder, ese poder no se entrega jamás!, sentenció a muerte al suicida de La Moneda y abrió un surco profundo a la dictadura de Augusto Pinochet. Este opaco y siniestro personaje, estrenando el poder absoluto, llegó a decir con igual soberbia: En Chile ninguna hoja se mueve sin que yo lo sepa. Como Francisco Franco, Augusto Pinochet gustaba ir a misa y confesarse con el manto del crimen.

 

Los Castro han ido instalando en Venezuela una dictadura con antifaz de democracia. Su títere se reúne hasta con el Papa. Más, la política que aún sobrevive en la nación, resiste el canibalismo. El opresivo y dilatado tiempo que no avizora desenlace, apura también en contra de los Castro. No saben si por primera vez, en esta invasión a otro país, están abonando su propia caída absoluta por creerse Dios.

 

 

 

Artículos relacionados

Top