COMIENZA POR AQUI, NICOLÁS

JESÚS HERAS – 

 

Imposible evitar el tema de la corrupción esta semana. Cuando un presidente cuestionado demanda poderes especiales para combatir el flagelo que más caracteriza el Régimen que preside, la corrupción, el tema salta a la vista por su obviedad.

 

Sin embargo, no siempre lo obvio es visible, aun cuando hay dos casos en que siendo muy visibles, no se ven. A esos me referiré.

 

El primero es el ferrocarril que se construye paralelo a la autopista regional del centro. Se trata de un proyecto antiguo, no así la forma de construirlo.

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Si los ferrocarriles siguen siendo un mecanismo de transporte eficiente y popular, ello obedece, por supuesto, a las ventajas que aporta al pasajero: Rapidez de traslado, comodidad, confiabilidad, etc. Pero nada de lo anterior sería posible, de no ser porque además permite viajar a bajo costo, hecho que forzosamente nos remite a sus costos de construcción. 

 

Salvo por túneles ocasionales para atravesar tramos montañosos y puentes para saltar la vertiente de un rio o carreteras de importancia, el 90% del recorrido de los trenes se realiza sobre terraplenes de bajo costo. Eso en el mundo entero, pero no en Venezuela. Para construir el tramo ferrocarrilero que nos ocupa, el gobierno nacional viene edificando algo muy similar a la muralla china, muralla, la nuestra, cuya espantosa fealdad solo sirve para ocultar el paisaje y el sobreprecio de los innecesarios “espigones de la corrupción”.

 

El caso del Metro de Valencia es otro, sólo que, por ser menos visible, es aún más obvio.

 

El sistema de tránsito rápido construido en Valencia se diseñó siguiendo el patrón utilizado por la Siemens en su ciudad sede, Dusseldorf, Alemania. Allí, salvo por un corto trecho, comparable, por ejemplo, al casco antiguo de la ciudad, el Metro se mueve bien sobre terraplenes a media velocidad o, en zonas muy concurridas, sobre la calle misma, a velocidad mínima, entremezclándose con los peatones, al estilo de los tranvías de la ciudad de San Francisco.

 

Así fue concebido el Metro Valencia. El tramo que va desde el Rectorado de la Universidad de Carabobo hasta la Redoma de Guaparo sería superficial, como también lo sería el que va desde el Fuerte Paramacay hasta llegar a la sede de la UC en Bárbula.  Sus rieles solo se hundirían para salvar la Redoma de Guaparo saliendo a superficie poco antes de las puertas del cuartel.

 

La prueba más evidente de que fue así, que sus poquísimas bocas de acceso y salida, (sólo una o dos están previstas), fueron colocadas en el centro mismo de la larga avenida, algo absolutamente infuncional. Imagínense Uds., mis amables lectores, el caos que ocurriría cada vez que los pasajeros, al llegar el Metro a su estación de destino, salieran en borbotones del subsuelo e intentaran cruzar la vía al tiempo que otros en sentido contrario, hicieran lo mismo para abordar un vagón.

 

Como en el caso de los Espigones de la autopista, en el caso del Metro de Valencia, la corrupción se oculta en el concreto. Solo que en Valencia, ese concreto no se ve. Está oculto en espacios que solo la Topa Beatriz conoce. Y buena parte de ese concreto, nadie sabe si llega o no.

 

Comienza por allí, Nicolás.

 

 

 
Jesús HerasNo photo

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Un Comentario;

  1. gandhi2009 said:

    Un escandalo lo del Metro y lo de la autopista peor. Pero como que nadie lo ve, y si lo ven, no se atreven a denuciarlo. Bien por ABC

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