El juego de los tahúres

Yon Goicoechea

Yon Goicoechea

Yon Goicoechea
@yongoicoechea

 

Miente Capriles cuando dice que defenderá los votos y pasa agachado ante un fraude

 

Es absurdo de toda absurdez. En un país en el que se han robado las elecciones presidenciales, no puede afirmarse que la solución dependa de votar en los comicios municipales. Están mintiendo.

 

Miente Capriles cuando dice que defenderá los votos y pasa agachado ante un fraude electoral. Miente la MUD al declararse oposición siendo concubina. Mienten los candidatos que les dicen a sus votantes que todo estará mejor, pero se beneficiarán del sistema que está afianzando a Maduro en el poder. También nos mentimos los venezolanos, esperando eternamente un golpe de suerte. Nos engañamos al apoyar a los mismos mentirosos de siempre, porque es más cómodo hacerse de la vista gorda que asumirse en el vacío. Es mejor pensar que la crisis, la mesa o la muerte se llevarán la dictadura, porque así no tenemos que hacer nada sino votar cuando nos digan los medios. No hay costo, salvo lo insoportable que se va haciendo la vida, pero a eso muchos pueden acostumbrarse.

 

Yo quiero saber si nos robaron o no. Si así fue y Capriles no hizo nada, debe dejar el mando a quien esté dispuesto a defender la mayoría popular. Pero si todo fue un montaje, deben pagar sus editores. Alcanzar la democracia no es asunto de tiempos sino de principios, porque el tiempo llega cuando alguien con principios decide proteger la libertad, antes que su futuro político. El que no esté dispuesto a arriesgar su carrera no puede ser Presidente en Venezuela. En una dictadura, los pragmáticos llegan a Alcalde, Gobernador o Diputado, pero no a Presidente.

 

Mi esperanza es que haya un líder que quiera libertad, hoy. El mañana, bajo las circunstancias presentes, no luce muy prometedor. Ese líder dispuesto a dirigir la democratización del país debe deslindarse de la mafia electorera que ha entrampado a la oposición. Zafarse de la red de los tahúres que, apostando lo ajeno, entran pobres y salen ricos de los despachos públicos. De aquellos a quienes el Gobierno insulta pero tolera, porque le son necesarios.

 

 

 

 
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