El debate

 

Miguel Sanmartín
msanmartin@eluniversal.com

 

El debate tiene que ser sobre la debacle económica, inflación, inseguridad y crisis hospitalaria

 

Ciertamente, en el país, debido al cuantioso y variado inventario de calamidades que agobian a la población, se impone un debate pragmático. Consciente. Responsable. Es imprescindible. Inaplazable.

 

debateEl caos extendido exige de la dirigencia política una discusión intensa, plural, sensata y reflexiva. Que abarque cuanto sea de interés para los ciudadanos, sin discriminaciones. Que considere, también, lo que sea de utilidad para el futuro de la nación. Para rescatarla de la miseria, la mediocridad y la tutela cubana. Que sea una batalla, pero dialéctica y argumentativa. De altura y respeto mutuo. No una mamarrachada, grotesca, homofóbica, como últimamente suele ser el comportamiento de los evangelizadores de hábito rojo. A saber, los templetes que han protagonizado en la Asamblea Nacional para agraviar, denigrar y agredir a sus contrarios.

 

El debate tiene que ser sobre el atroz estancamiento económico. Esta es la causa madre de todos los males nacionales. También deliberar sobre el ineficaz control de cambio, el obsceno endeudamiento, la destrucción de Pdvsa, los incendios en refinerías y otras instalaciones petroleras, el grotesco deterioro del país, el horror en las cárceles, la inseguridad, la inflación, el desabastecimiento, el desempleo, la falta de viviendas, la pésima calidad de los servicios públicos comenzando por el inestable sistema eléctrico, y claro, la protuberante corrupción. Pero la corrupción de lado y lado. Sin excluir la impudicia que embarra a las deidades rojas, hasta ahora excusadas, porque el endeble e interino heredero no se atreve a tocarlas. ¿Por lo que saben o lo que harían de ser hurgadas?

 

La hipócrita cruzada contra rebuscados corruptos opositores, mas no contra emblemáticos saqueadores chavistas, no puede ser usada como hacha de guerra, ventajista, sectaria, para sacar arbitrariamente del juego democrático a los rivales políticos.

 

Pero hay mucho más sobre qué debatir. Lo prioritario son los problemas de la gente. Es una obligación, un deber moral y ético abordarlos. ¿Se atreverá el régimen? Saldría muy aporreado del escrutinio. Porque es su proyecto totalitario-socialista, sus leyes revolucionarias, su guerra contra el sector productivo privado, su furia expropiadora, su ineficiencia y la inmoralidad de sus funcionarios lo que nos empujó al precipicio.

 

Bienvenido el debate. El debate sobre la crisis hospitalaria y el conflicto universitario. Sobre el país que queremos y merecemos. ¿Con cubanos, con chinos? ¿Cómo lo construimos? ¿Mediante un acuerdo nacional o preguntándole al pajarito? ¿Produciendo nosotros lo que consumimos o haciendo más ricos a empresarios extranjeros? ¿Cómo lo hacemos? ¿Lo conciliamos o lo imponen desde La Habana?

 

 

 

 
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