Si me eligieran alcaldesa

Luisa Pernalete
lpernalete8@gmail.com

 

Los ciudadanos merecen trato amable, por eso implantaría “la política de la delicadeza”

 

La verdad es poco probable, puesto que no me postularon y tengo suficiente con ser de la Junta de Condominio, cargo que es una mezcla de juez de paz y alcaldesa. Pero juguemos a que me eligen, ¿qué haría?

Comenzaría por regalar todas las franelas del partido que me ha postulado, pues estaría clara que hay que gobernar para todos, le pediría lo mismo al equipo de confianza que me acompañe.

En segundo lugar, pondría un gran aviso en la cartelera de mi despacho: “el niño, la niña y el adolescente son prioridad absoluta para las leyes venezolanas”, y por si acaso, no sea que alguno no sepa qué significa, pondría en un recuadro: “eso quiere decir que a la hora de asignar recursos y elaborar políticas, ellos van primero, quiere decir que ningún niño debe quedarse sin estudiar por falta de cupo, significa que los centros educativos van antes que los festejos, tarimas, viajes y afines”.

En tercer lugar, junto a la Carta Magna, colocaría la autobiografía de Mandela y convocaría a todo mi equipo a un círculo de estudio sobre este hombre, lo tendría como ejemplo y recordaría lo que él decía: que en todas partes hay gente buena, que un buen líder no busca exacerbar ánimos sino el entendimiento entre los ciudadanos…

Pondría otro aviso: “soy un servidor público, nadie tiene que agradecer que haga mi trabajo”. Estaría clara de que manejaría dineros públicos, y que administrar bien no es un favor, es un deber.

Transparencia sería palabra clave. Así debería ser la gestión, abierta a todo ciudadano que quiera saber para dónde van los impuestos o los proyectos, o las licitaciones. La carpeta de “expedientes secretos X” estaría vacía.

De vez en cuando me iría al trabajo en autobús, para ver qué se siente andar sin protección especial, para ver cuánto tardo en llegar, para tener presente que los cargos son temporales.

Pondría un espejo en cada pasillo, no para que los funcionarios vean sus medidas sino para que se digan verdades y, de paso, sonrían y se contagien de sus propias sonrisas. Los ciudadanos merecen trato amable, por eso implantaría “la política de la delicadeza”, instauraría el premio al servidor público. Compraría un rollo de tirro para sellar mi boca y escuchar el doble de lo que hablo.

Fortalecería el departamento de Justicia de Paz, conforme a las atribuciones que la CRVB tiene (art. 167) y daría especial respaldo a la Justicia de Paz Escolar para contribuir a reducir la violencia en los centros educativos.

En realidad no se necesita mucha creatividad sino pensar que ese es un cargo serio y, por tanto, debe asumirse con seriedad.

 

 

 

 

 
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