SIN LIDERES Y SOBRE UN VOLCAN

 

JESÚS HERAS – 

Venezuela es un volcán

No contentos con convertir la derrota parlamentaria de 2010 en mayoría, y además vaciar el parlamento de sus facultades con la Ley Habilitante de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, con la excusa de luchar contra la corrupción, ha venido corrompiendo uno a uno diputados opositores, vaya ironía, para lograr el número de votos que requiere para lograr su propia Ley.

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Ya se especula en medios amarillistas sobre quien podría ser el diputado 99, aquel que vendería su alma al Diablo, para darle al Presidente facultades que le permitan legislar por decreto, siguiendo, como es lógico, instrucciones del Régimen cubano, desde cuyo regazo, viene acentuando la represión y silenciando a los medios, mientras le roba, sí, la inflación cuando excede el salario es un robo, le roba – sí, lo repito- dinero efectivo al consumidor.

La excusa que utiliza el oficialismo, la misma que en su momento emplearon los peores dictadores que ha conocido la humanidad, es una trampa caza-bobos. Si combatir la corrupción fuera realmente su intención ¿Por qué no apelar a mecanismos que ya existen en la Constitución, y – si se quiere darle su tintecillo político- aplicar arbitrariamente la Ley al amparo de un poder judicial secuestrado?

Para nadie es secreto que el liderazgo oficialista, dentro y fuera de sus filas, está siendo cuestionado, y que la popularidad de Maduro continúa su pronunciado descenso.

El deterioro de las condiciones de vida del venezolano y a contra vía, la marcha desbocada hacia la represión, son sintomáticos del drama de un Régimen que ha perdido sustentación.

En el mundo opositor, también se escuchan voces de frustración, y no falta quien perciba que el liderazgo que ejerce es “hueso sin carne” para un pueblo que aspira a vivir mejor.

La MUD, concebida para reunir voluntades frente a la amenaza totalitaria, se ha abrogado además el rol de conducir la campaña, cediendo de paso la jefatura a Capriles quien, ocupado en el toma y dame del debate político, parece resistirse a despertar esperanzas dibujándole al país una alternativa nacional de poder.

Viendo a sus líderes flaquear, la clase media, los sectores populares, el pueblo todo, se siente cada día más al desamparo. El dinero no le alcanza, la inseguridad lo atenaza y a sus pies siente el crepitar de las llamas de un volcán, Venezuela… a punto de estallar.

 

 
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