Un viaje de vacaciones

Peter Albers

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peterkalbers@yahoo.com
@peterkalbers

 

Las avenidas de Mérida tienen una particularidad: En los cruces con semáforos hay señales que indican direcciones: Plaza de Toros, Chorros de Milla, Páramo, etc. Pero encontrar el nombre de la avenida por la que uno circula es casi imposible. Buscando una dirección, en una avenida cuyo nombre no pude saber me detuvo un semáforo. A mi lado, una moto con dos agentes de policía. Pregunté al “parrillero” por la avenida Andrés Bello, y me indicó que doblara a la derecha hasta el final. Con lo cual me mandó a la avenida Los Próceres. Ahora creo que la avenida donde se me ocurrió preguntar era la “Andrés Bello” misma.

 

gobernadorA lo largo de las mismas avenidas se encuentra uno con numerosos avisos con indicación de los sitios turísticos, con una leyenda al pie: “Alexis Gobernador”. Se pregunta uno para qué, y se encuentra con tres opciones: a) Que es para que los turistas se informen sobre los sitios a visitar, con lo cual pensará cualquier turista europeo (de los que se atreven a venir a este inseguro país) que lo de “Alexis Gobernador” viene a ser más o menos como “Isabel Reina” o “Juan Carlos Rey”, pero yo estoy seguro de que a los turistas les importa un carrizo cómo se llama el gobernador del estado. b) Que es para que los merideños recuerden constantemente el nombre de quien los gobierna, aunque no se sabe si lo recuerdan para bien o para mal. c) Que los tales avisos los pegó el propio Alexis, cuando estaba en campaña, limpio y “pelando bola”, pero supone uno que ahora, rico y poderoso (que es el fin de todo gobernador chavista) no andará por ahí pegando avisos de “Alexis Gobernador”. Al menos, no es tan ridículo como las patrullas de la Policía de Carabobo con la foto del gobernador en el vidrio trasero…

 

De la carretera poco se puede decir, pues está como todas nuestras carreteras, con profusión de enormes huecos y “policías acostados” que dan la oportunidad a que los lugareños “empleados” vendan sus chucherías a los viajeros, obligados a reducir la velocidad. En algún tramo de la carretera entre Mitisú y Apartaderos el pavimento está recién asfaltado y señalizado y en casi todo el trayecto de montaña han colocado “ojos de gato” para que el conductor se pueda orientar en medio de la noche neblinosa. ¡Por lo menos algo positivo tenía que encontrar uno!

 

En la autopista hacia Barinas, por algún extraño maleficio, justo en el desvío hacia Sabaneta comenzó a fallar el carro: la caja se puso en segunda velocidad, y tuvimos que llegar a Barinas a 60 KPH. Así subimos hasta el Páramo La Culata. Localizamos un servicio autorizado de la marca de nuestro vehículo, y llevado allí, nos informaron que tenía una pieza mala “pero no la hay”. Cosas de un país que carece de todo: alimentos, medicinas, repuestos para vehículos.

 

Habrá que esperar un día en que los venezolanos volvamos a tener un gobierno capaz, que se deje de tanta palabrería, para que los venezolanos volvamos a tener alimentos, producidos en las fértiles y extensas llanuras de Cojedes, Portuguesa y Barinas, hoy vacías de ganado y cultivos.

 

Un día cuando los venezolanos podamos viajar tranquilos, seguros de que los talleres mecánicos contarán con los repuestos necesarios para reparar las averías de nuestros vehículos.

 

Un día cuando los gobernadores se dediquen a gobernar, y no a andar por ahí pegando avisitos de “Alexis Gobernador”.

 

 

 

 
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