Violación continuada

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com
@veedoramadre

 

¿Cuáles son los mundos imaginarios a los que escapamos los venezolanos?

 

Afir Nafisi describió el resultado de un régimen totalitario: “Vivir en la República Islámica es como tener sexo con un hombre que odias… Si eres forzada a tener sexo con alguien que te disgusta, pones tu mente en blanco -pretendes estar en otro lado, tiendes a olvidar tu cuerpo, odias tu cuerpo. Eso es lo que hacemos aquí”.

 

Eso es lo que estamos haciendo en Venezuela. Tratar de vivir como si no estuviera sucediendo la violación constante de todos y de la patria; hasta odiar su cuerpo y el nuestro.

 

El escape de Nafisi era la literatura, reducido para mediados de los 80 a reuniones casi clandestinas con alumnas escogidas, amantes de la palabra y la libertad. ¿Cuáles son los mundos imaginarios a los que escapamos los venezolanos? Intentamos viajar, salir físicamente, pero toma mucho tiempo recuperarse de la depresión que cae en cuanto regresamos y nos asaltan las garras de los violadores y los chulos de este pobre país. En todos lados hay violaciones, corrupción, arbitrariedad, atropellos y muertes por represión oficial. El “Viernes de cólera” egipcio provocó 173 muertos y alcanzaron mil en una semana. Pero ¿Puede eso compararse con los 21.000 muertos venezolanos durante el 2012?

 

¿Cuál es la diferencia? ¿Que aquellos fueron efectuados por represión oficial ante los ojos del mundo mientras estos son producidos a la sombra cobarde de una criminalidad dicha común, pero que todos sabemos es provocada por y con la connivencia, participación, estímulo y complicidad oficial?

 

La diferencia es numérica, claro, pero sobre todo cualitativa: una actitud de cobardía generalizada de los violadores encubiertos y de las dóciles víctimas. No estamos dispuestos a morir en la protesta de calle; pero sí rendidos en el callejón al ataque del maleante disfrazado de policía, o policía disfrazado de maleante, o maleante disfrazado de burócrata o burócrata disfrazado de policía.

 

Queda el refugio de Nafisi: crear burbujas de ficción, imaginación y libertad. Se reproducen y rescatan la honra mancillada.

 

 

 
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