Amuay habla

 

Juan C. Sosa Azpúrua
@jcsosazpurua

 

Buscar chivos expiatorios, denunciar saboteos, no son otra cosa que una nueva confesión

 

La tragedia de Amuay merecía un paréntesis de dignidad, ser una isla en medio del océano de disparates de esta época sin luz. La magnitud de su impacto, el número de seres fallecidos y afectados de por vida, requería un mínimo de humanidad, una cuota de respeto.

 

Pero lo que hemos visto, aunque predecible, no deja de afectar en lo más hondo del alma, algo desde adentro que nos grita que tanta maldad, incompetencia, corrupción y cinismo no deberían ser posibles en esta tierra que nos ha tocado habitar.

 

Lo primero que tenía que haberse hecho era reconocer la responsabilidad implícita de Pdvsa y emprender todas las acciones pertinentes para resarcir a las víctimas y proteger las instalaciones, para que algo así más nunca ocurriese.

 

El informe de Coener, entidad independiente y sin fines de lucro, conformada por genuinos expertos, profesionales con décadas de experiencia y solvencia humana, no deja espacio a la duda, lo que sabíamos de antemano fue irrevocablemente confirmado: el incendio de la refinería fue consecuencia de la falta de mantenimiento de las instalaciones, la impericia de los responsables de combatirlo y la más nefasta negligencia de Pdvsa, “empresa” a la que se le ha advertido sobre la necesidad de invertir en todo lo que se requiere para que operaciones tan delicadas estén protegidas de potenciales catástrofes, como las de marras.

 

Buscar chivos expiatorios, denunciar saboteos, no son otra cosa que una nueva confesión de incapacidad y deshonestidad, pero que en este caso es particularmente preocupante. No se requiere ser Nostradamus para intuir lo que pasará en el futuro si esta orgía de incompetencia se prolonga. Como si sus llamas no fueran suficientes alarmas, “Amuay” al revés nos dice: “y ahora una muerte anunciada”.

 

 

 

 
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