Cuidado con una recaída

JESÚS HERAS –

 

Era una enfermedad.

 

Carabobo fue por años centro de encarnizadas luchas partidistas. Las hubo en Copei y también en AD.  Cada factor de poder político de la capital establecía en Carabobo su cabeza de playa, y hasta muertes inocentes llegaron a producirse en medio de las reyertas que a lo interior de esas organizaciones se producían. “La batalla de Carabobo aún no ha terminado”, solía decir el ex presidente Caldera.

 

A  partir de 1975, los hermanos Celli se hicieron dueños y señores de AD en la región, hecho que se acentuó en la década subsiguiente y si hay algo que reconocerle a Oscar Celli fue haber detenido la inherencia política interesada de factores de la Capital, y de hecho haber contribuido a revertirla, cuando su hermano mayor, Humberto, alcanzó la secretaría general nacional de su partido.

 

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Henrique Salas Römer, electo en 1989, desplazó aquella hegemonía, pero tuvo en común con Celli consolidar esa tendencia autonómica que Carabobo anhelaba.

 

Su llamado a la Unidad Superior y su invitación al Territorio de lo Posible, aunada a los méritos de sus gestión llegaron a otorgarle la sustentación popular más sólida que haya conocido gobierno alguno, al ser reelecto con el 73% de los votos en 1992.

 

Sirvan estas parrafadas para abordar nuestra preocupación por el retroceso que se viene observando en Carabobo y seguramente en otras regiones del país.

 

El PSUV considera a Carabobo un estado estratégico y su encarnizada lucha por obtener el poder en la región, apelando a una grosera manipulación electrónica de los votos,  ha podido ser contrarrestada, ya no por Salas Römer, padre, sino por su hijo, el Pollo, quien ha gobernado ocho de los trece años que van de siglo, a pesar de que los cinco estados fronterizos (Aragua, Guárico, Cojedes, Yaracuy y Falcón) están en manos del chavismo.

 

Extrañamente, algo similar, viene ocurriendo en la Oposición. Pero hagamos primero un paréntesis.

 

Desde mediados de la década anterior, poderosos empresarios del sector inmobiliario vienen invirtiendo gruesas sumas para hacerse del poder en la gran Valencia, cuya clase media creció exponencialmente durante el mandato de Salas Römer, atraídas por el vuelco estético y funcional que éste le dio a la región, y cuya demanda de vivienda ha desbordado los precios de los bienes raíces en el estrecho valle en el que se fundó la Valencia del Rey.

 

Los atrae la posibilidad de aumentar la densidad poblacional, sin verse sometidos a las normas que resguardan la calidad de vida de la ciudad.

 

Llama poderosamente la atención, y he allí nuestra preocupación, el que algunos destacados líderes capitalinos, al visitar Carabobo en fechas muy recientes para brindarle apoyo a la candidatura del conocido empresario inmobiliario, Miguel Cocchiola, hayan aprovechado la ocasión, no para hacer llamados a la Unidad, sino para lanzar venenosos dardos hacia quien fuera el primer gobernador electo de la región.

 

Cabe entonces la pregunta. ¿Vienen ellos a promover la Unidad que ha servido de plataforma para frenar las tendencias totalitarias del chavismo o la utilizan como manto para promover a su amparo una nueva hegemonía partidista nacional?

 

Los cogollos caraqueños han puesto de nuevo su mira en Carabobo, de ello no hay duda. En una época fue una enfermedad perniciosa.

 

Cuidado  con una recaída. 

 
Jesús HerasNo photo

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