Radicalismo disfrazado

 

Beatriz W. De Rittigstein
bea.rwz@gmail.com

 

Recep Erdogan promueve el odio a Israel de forma obsesiva y calumniosa

 

La falsedad del islamismo radical que se disfraza de moderado en un ejercicio de pragmatismo, para conseguir sus objetivos, resulta obvia con lo acontecido en Egipto cuando Mohamed Mursi participó en unas elecciones democráticas. Pero, una vez en el poder, excluyó a gran parte de los egipcios que anhelan la separación del Estado y la religión.

 

Otro caso que nos ilustra esa característica abusiva y engañosa es el que acaece en Turquía, con el primer ministro Recep Erdogan, quien tal vez por tratarse de un país con una tradición laicista, tuvo la astucia de ser más prudente e ir introduciendo los cambios que traen de regreso al fanatismo religioso, de forma paulatina.

 

Como parte de su extremismo, con bastante asiduidad, Erdogan promueve el odio a Israel, de forma tan obsesiva y calumniosa que pasa de críticas al gobierno israelí, cualquiera que éste sea, a un verdadero antijudaísmo, utilizando los mismos añejos prejuicios que surgieron en la Europa medieval, acerca de imaginarias conspiraciones. Así, hace pocos días, en Ankara, Erdogan declaró en una reunión de su partido, AKP, el mal llamado de Justicia y Desarrollo, que “Israel está detrás del golpe de Estado en Egipto, que derrocó a Mursi”; remató diciendo que tenía pruebas de ello. Por supuesto, como siempre ocurre, no pudo mostrar ninguna evidencia seria y verificable, más allá de unas declaraciones del intelectual judío francés Bernard-Henri Lévy, quien dos años antes había dado su opinión libre acerca de la posibilidad de un gobierno de los Hermanos Musulmanes egipcios, la cual concluyó con una frase que define un asunto sustantivo: la democracia no sólo son elecciones. Obviamente, Erdogan no lo comprende así, porque no es un verdadero pluralista.

 

 

 

 
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