Impunidad urbanística

Misión ViviendaRafael J. Chavero Gazdik 
rchavero@hotmail.com

 

Para quienes gobiernan no hay ley, ellos las hacen, las aplican y tienen derecho a no cumplirlas

 

Ver las construcciones de las torres de la Misión Vivienda es el mejor reflejo de la realidad política del país. Son edificaciones ajenas a todas las Ordenanzas Municipales y a los principios básicos de urbanidad, carentes de estacionamientos y demás servicios indispensables. Lo único importante es la urgencia en terminar esas gigantescas paredes, pero no para dotar de un techo a una familia, sino para obtener votos en contiendas electorales, eso es lo único relevante. Si los habitantes tienen servicios básicos eso es irrelevante, pues eso no se ve hacia afuera. Se burlan de la miseria ajena.

 

A los constructores particulares se les exige cualquier cantidad de requisitos y permisos, además que se le imponen severas restricciones dirigidas a lograr las condiciones urbanísticas previstas por el legislador. Pero el Gobierno no pide permisos, sencillamente hace lo que le da la gana, y ¿quién es una autoridad municipal para impedírselo? Con una soberbia insostenible se apropia de parcelas de terreno privadas, no las paga si no que las expolia, y luego realiza construcciones sin cumplir con ningún tipo de regulaciones. Para quienes gobiernan no hay ley, ellos las hacen, las aplican y tienen derecho a no cumplirlas.

 

Es sorprendente ver cómo el gobierno nacional se burla de la descentralización. Para el Poder Nacional los municipios son súbditos y las leyes locales son inexistentes. Por eso colocan oficinas gubernamentales en plenas zonas residenciales, para demostrar quién es el que manda. Y lo más triste es que a nadie le importa.

 

Una familia de clase media no puede construir un anexo en su casa, para que alguno de sus hijos pueda independizarse, pues eso violaría las variables urbanas, pero para los pobres no hay leyes, ellos son el sostén de la revolución. Ellos pueden ubicarse a orillas de las autopistas o en parques nacionales, pues siempre tendrán la venia gubernamental. Y hay de a quien se le ocurra sacar a algún invasor de alguna propiedad privada, pues tendrá que sufrir los bemoles de los procesos judiciales inservibles.

 

Esto es exactamente lo que sucede en el resto del acontecer nacional. Un doble estándar legal. Hay quienes sufren las colas en el tráfico y hay quienes utilizan los organismos de seguridad del Estado para abrir paso por toda la ciudad. Hay quienes deben respetar las normas sobre privacidad y hay quienes pueden espiar y grabar conversaciones privadas, sin ningún tipo de limitaciones. Sencillamente quienes gobiernan no tienen controles, son reyes sin corona. Por eso seduce tanto el poder en estas tierras autoritarias.

 

 

 

 
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