La agonía de Valencia

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Carlos Lozano

Caminando con Carlos
Carlos Lozano
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En 1979, un socialista de reconocida tendencia marxista, fue electo alcalde de Madrid. Enrique Tierno Galván, permanente opositor a la dictadura de Franco, también profesor universitario por excelencia, enfrentado a su pesar al creciente Psoe de Felipe González, se convirtió en el alcalde más popular de esa capital, al punto que en 1983 fue electo por mayoría absoluta, el único socialista que lo ha logrado en España.

 

Aparte de muchos méritos -sabiduría, cordialidad, profundo espíritu democrático, maestro admirado y querido- Tierno Galván recibió una ciudad en pleno revoltillo, con un centro urbano en acelerada decadencia, caótico, ruidoso, inseguro. Las familias se mudaban aceleradamente, y nadie se mudaba al centro, el centro madrileño se moría.

 

huecoTierno Galván decidió transformarlo. Promovió créditos con bajos intereses para quienes compraran viviendas en el empobrecido centro y a los vecinos que necesitaran remodelar sus envejecidos apartamentos, impulsó a las familias jóvenes a aprovechar esa ventaja, motivó el rescate de las plazas limpiándolas y rescatando las tradiciones -como la Verbena de la Paloma- convirtiéndolas en centros de encuentros vecinales y de visitantes. Los únicos costos de la Alcaldía fueron aumentar la presencia policial y arreglar algunas calles y aceras. En pocos años  el centro madrileño se llenó de vida con vecinos de siempre entusiasmados, con nuevos vecinos jóvenes, con gente de todas partes que volvió a caminar sus calles.

 

En Nueva York el centro -calle 42 y alrededores- se había convertido en una selva de pornografía, prostitución, comercio abierto de drogas, rateros. Hasta que un alcalde decidió comenzar la campaña de perseguir los pequeños delitos para tranquilizar las calles, forzó la salida de las innumerables tiendas de pornografía, aumentó la presencia policial y otras medidas sencillas, que llevaron a la Calle 42 a su antiguo esplendor y mucho del Nueva York popular volvió a ser vivible, caminable, grato de visitar.

 

Los casos de reconquista de ciudades echadas al abandono ya son frecuentes. Cerca de nosotros están el casco de Panamá, Bogotá y Medellín. Valencia está entre las lamentables excepciones, porque en vez de mejorar empeora día y  noche. Lo que un gran socialista hizo en Madrid, ni de lejos lo ha logrado el socialista que nos ha tocado en suerte.

 

El casco urbano valenciano es una patética agonía. Es hora oportuna para cambiar de alcalde.

 

 

 
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