UNA POLARIZACION QUE NO AYUDA

JESÚS HERAS – 

Personalizar el 8D puede ser un grave error.

 

La campaña diseñada por el Comando de Henrique Capriles con la aceptación o aquiescencia de la MUD, convierte las contiendas municipales en un plebiscito mediático nacional cuyo único objetivo es demostrar, sin ningún efecto práctico que se conozca, quien fue el 14-A el verdadero ganador.

 

De la victoria de Capriles en abril pocas dudas subsisten, al menos entre los entendidos. Aunque no se pueda demostrar voto a voto por el férreo control político que ejerce el gobierno sobre la autoridad electoral, existen indicios contundentes que lo demuestran.  Tomemos un solo ejemplo.

 

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Es sabido que luego de una elección, al preguntársele a los entrevistados por quien votó, un porcentaje nunca menor al 5%, falsea su respuesta, y se “apunta a ganador”. Esto ha ocurrido en todas las elecciones. Si es así, ¿por qué, a cinco meses de las elecciones, en encuestas acreditas, Capriles sigue saliendo ganador?

 

Sin embargo, las condiciones han cambiado.

 

Si bien la escasez de rubros esenciales aunada a la disparada inflacionaria, está creando un creciente malestar social y la figura de Maduro viene sufriendo deterioro, algo similar aunque en menor grado le está ocurriendo a Capriles, quien no parece suscitar suficiente entusiasmo, y al insistir en un combate cuerpo a cuerpo, no ha logrado dibujar una propuesta atractiva, mientras enfrenta, en los términos plebiscitarios en que ha sido concebida la contienda, a un contendor que aprovecha las prerrogativas del cargo que gratuitamente le fue otorgado, para encadenarse dos horas diarias por radio o televisión.

 

A lo anterior se agrega el tufillo centralista de una estrategia que minimiza los liderazgos locales, restándoles con la polarización, toda posibilidad de pescar votos entre los indecisos en las 330 contiendas que, cada una en condiciones distintas, se realizarán en todo el país.

 

Para completar un cuadro que se nos antoja desacertado, Capriles se auto-designó Jefe de Campaña, figura que semánticamente lo subordina a los alcaldes, disminuyendo simbólicamente su condición de líder.

 

No desconocemos las limitaciones de Maduro como candidato. Tampoco su desespero decidor por lograr una ley que le permita modificar por decreto las reglas del juego o inutilizar a los futuros alcaldes, imponiendo la tesis cubana de las comunas. 

 

Mucho menos podemos desestimar la posibilidad de que la dramática situación por la que atraviesan los venezolanos, rebase el interés por una solución electoral, y sea ésta la que a la postre defina el desenlace.  

 

Pero en el escenario real que está planteado, convertir la contienda en un combate de tú a tú que desdibuja la naturaleza local de la campaña y de paso eclipsa las angustias del pueblo, es un despropósito

 

Es hora de repensarlo.

 

 
Jesús HerasNo photo
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