YO QUIERO SER ALCALDE

Mariano Nava Contreras

Mariano Nava Contreras

 

Mariano Nava Contreras
@marianonava

 

Desde pequeñito, siempre quise ser alcalde. Ya desde niño recuerdo haber tenido muy claro lo que quería ser de grande. En primaria siempre formé parte de la patrulla escolar. En bachillerato siempre fui semanero y delegado de curso, y no había manera de que no me incluyeran en los actos del lunes cívico. Con estas credenciales, supongo que ya a nadie le quedará la menor duda. Poco a poco fui decantando y consolidando mi vocación.

 

En la universidad estudié, por supuesto, Ciencias Políticas, y tengo que decir que me gradué con buenas notas. Después, cuando tuve la oportunidad de elegir el posgrado, no lo dudé un minuto: me especialicé en Políticas Públicas y Gerencia Municipal. Así, pues, puedo decir que he dedicado mi vida a formarme, a estudiar para tener todas las herramientas teóricas necesarias para realizarme en lo que ha sido mi única vocación: ser alcalde.

 

337 libros basura 2Por supuesto que cuando comenzó a hablarse de las próximas elecciones municipales sentí el llamado interior: mi hora había llegado. Claro que lo que no pensé era que, con tanto estudiar, había olvidado un detalle, tal vez el más importante: inscribirme en algún partido que me postulara. Y puesto a revisar la opción más conveniente, me encontré con que la oposición ya había realizado elecciones primarias para decidir el candidato de mi municipio, así que la única posibilidad a estas alturas era que me postulara el partido oficialista.

 

Lo primero que hice fue revisar, a través de la prensa, si el partido oficialista había celebrado algún tipo de consulta, si había establecido alguna forma de elección o selección de sus candidatos. Lo que encontré no pudo ser más sorprendente. No me refiero al hecho de que todos los candidatos hubieran sido designados “a dedo” -que si a ver vamos, ha sido casi la única forma de designar los cargos en nuestro país creo que desde antes de la llegada de Colón-, sino más bien a los criterios que al parecer privaron para acometer el correspondiente dedazo. Porque tengo que confesar, señores lectores, que no poseo ninguna de las cualidades que, según estos señores, deben tenerse para ser alcalde. Lo confieso, en todas soy un auténtico fracaso.

 

337 figuraY no es que mis padres no se hubieran preocupado de que cultivara otras aficiones. Recuerdo muy bien con qué paciencia me llevaba papá todos los domingos por la mañana a la cancha de beisbol que quedaba por casa para que entrenara con Los Criollitos. No tengo que decir que yo era el peor del equipo, incapaz de pichar un strike, incapaz de coger un “flaicito”, incapaz de batear aunque sea un foul. La pesadilla terminó el día que traté de agarrar un rolling que me batearon al final del left, a donde el manager me había mandado con la esperanza de que a nadie se le ocurriera batear por ahí. La bola picó justo antes de que yo le echara el guante y me dio de lleno en la cara. En realidad no me dolió tanto, pero el sangrero bajando por la nariz me dio la excusa perfecta para no volver más a la cancha. Y es que toda la vida he sido un negado para los deportes. Por eso, al ver los músculos que exhiben los otros candidatos me costó tanto tomar la decisión de meterme en un gimnasio. A estas alturas, la pasantía lleva un saldo de dos tendones y el lumbar lesionados. Y para nada, porque mi barriga sigue incólume, y de músculos ni hablar. Incluso un pana me dijo que me metiera un “ciclo” de esteroides, total, todo el mundo lo hace. Pero qué va, me da miedo.

 

Para completar, tampoco se me da muy bien el reggaeton. Bueno, llamemos las cosas por su nombre, un zapato tiene más oído musical que yo. Y miren que mi mamá se empeñó en que me metiera en cuanta coral, en cuanta estudiantina, en cuanto conjunto de aguinaldos había por ahí, pero nunca pasé la prueba de aptitud musical. Por lo demás, he de confesar que no sé cantar ni un bingo, mucho menos una lotería.

 

Lo que sí tengo es mucha voluntad. Siempre me han dicho que soy muy tozudo y casi nunca me doy por vencido. He comprendido que ya es tarde para estas elecciones, pero voy a empezar desde ahora a prepararme para las próximas. Ya estoy pensando si me voy a meter en kárate o en natación, en danza árabe o en clases de actuación, o de mandolina. Lo que sí me da rabia es todo el tiempo que perdí estudiando.

 

 

 

 
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