¿Otro Holodomor?

Ruth Capriles

Ruth Capriles

Ruth Capriles
ruthcapriles@yahoo.com

 

La pérdida de autonomía alimentaria es un costo que se paga duro tarde o temprano

 

En Ucrania llamaron “Holodomor” a la muerte en masa por hambre que azotó a la Unión Soviética entre 1932-1933, producto de la política colectivista, “economía comandada” de Stalin. La hambruna costó unos 8 millones de muertos. Ya antes (1921) el “comunismo guerrero” había provocado otros 6 millones de muertos de hambre.

 

holodomorEn China, la política colectivista de la propiedad agraria y la agricultura de Mao provocó una hambruna de tres años entre 1958-1961 que resultó en unos 45 millones de muertes por hambre y unos 30 millones que no llegaron a nacer, según cálculos contemporáneos.

 

Sin contar los millones de muertos, desplazados, torturados, anulados, empobrecidos y humillados producidos por ambos regímenes en las sucesivas pugnas por el poder y modificaciones de la misma política colectivista de estados totalitarios.

 

En Venezuela la hambruna viene en cámara lenta aliviada por la riqueza petrolera, nuestra bendición y perdición. Primero malnutrición y desnutrición; segundo envenenamiento por los peores y caducos productos alimenticios encontrados en los recovecos de la distribución mundial de alimentos; tercero… ¿Holodomor?

 

La megacorrupción que corroe este otro proceso colectivizante puede provocar el colapso petrolero que impida de repente la adquisición de los productos alimenticios básicos. La pérdida de autonomía alimentaria es un costo que se paga duro tarde o temprano. Y la contradicción intrínseca del comunismo y de los regímenes derivados es que al colectivizar afectan la capacidad productiva de la colectividad y provocan el hambre consiguiente. El chavismo apuesta al ingreso petrolero pero hace todo lo posible por reducirlo hasta su colapso final. Y la paradoja será si este país rico en todo tipo de energía muera a oscuras y por inanición. Otro gran resultado triunfal de la ideología comunista en el siglo XXI.

 

No aprenden los seres humanos de la historia. La ambición, el delirio de poder, el resentimiento de los impotentes parecen mover las ruedas del suceder humano.

 

 

 
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