El verano terminó

Carlos Ochoa

Carlos Ochoa

MERCURIALES
Carlos Ochoa
ochocarlos@gmail.com 

 

Por estos días el ambiente se siente denso, pesado, hay algo que sabe Maduro que el resto de los venezolanos ignoramos, algo que lo mantiene tenso, al borde de un patatús como decían los venezolanos de antes.  En los medios y en las redes sociales algunos analistas políticos de dilatada trayectoria también deben estar enterados, pues apuestan al fin del régimen en cuestión de meses, semanas, vaticinan una explosión social, un tsunami político que arrasaría con la poca estabilidad que dicen le queda al tambaleante e incapaz gobierno del sucesor de Hugo Chávez.

 

La posibilidad de una explosión social en la Venezuela revolucionaria, socialista y chavista de hoy es lamentablemente un escenario a considerar con mucho cuidado, nadie puede afirmar en este momento que no sucederá, pero tampoco nadie puede asegurar que si se producirá otro caracazo versión quinta república. Las erráticas políticas económicas y la inseguridad que está desangrando al país son razones de peso, también las colas para adquirir los productos de primera necesidad y el mal funcionamiento de los servicios públicos colaboran en esa vía, pero insisto, nadie puede predecir cuándo colapsará  en los mares tormentosos de la historia  el proyecto político que ha mantenido divididos y enfrentados a los venezolanos por más de 14 años.

 

fidelPara entender mejor el paisaje de lo que pueda o no suceder en Venezuela a corto plazo, hay que recordar el caso cubano, que en peores condiciones económicas que Venezuela ha mantenido una dictadura y un proyecto ideológico por más de 50 años. Hacia allá apunta Maduro y la nomenklatura quinta republicana que ha dispuesto como le ha dado la gana de los recursos y las instituciones del país. El control y la participación de los cubanos en distintas áreas de la economía, la administración, la prestación de servicios y las fuerzas armadas bolivarianas, tiene como objetivo reproducir el modelo hegemónico de dominación castrista en nuestra patria, en este sentido han avanzado, pero no tanto como para sentirse seguros del todo, por eso el nerviosismo del Presidente, o mejor dicho del encargado de los hermanos Castro en la presidencia de Venezuela. Maduro no es Chávez ni mucho menos Fidel, pero tampoco es un ignorante torpe como un sector de la oposición pretende hacernos creer, es un cuadro político formado en Cuba, se mantuvo al lado de un líder carismático de la izquierda dogmática latinoamericana por 20 años, tiene muchas horas de vuelo enchufado al poder y eso en política cuenta.

 

Pero el verano terminó, y  en La Habana el otoño está entrando de a poco, el patriarca en su jardín sembrado y cuidado con esmero, siente un viento que mece las ramas de los árboles que lo hace estremecer, y con la tez pálida de angustia manda apurado a que llamen a Raúl y le informen si ya Nicolás se reportó, su olfato y su instinto le dicen que en Venezuela puede ocurrir cualquier cosa, Venezuela y sus recursos son un trofeo que la revolución cubana tiene que mantener a toda costa por aquello del “Patria o muerte”, el “Che Guevara”, y por el futuro de los hijos que ahora juegan al golf y viajan por el mundo en primera clase disfrutando de los placeres y los encantos del capitalismo salvaje con los dólares que puntualmente les proveen desde Caracas.

 

   

 

 
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