Francisco sí, Benedicto no Francisco

Francisco Gámez Arcaya
@GamezArcaya

 

No tiene precedentes la relevancia mediática que ha tenido el Papa actual. Su manera simple y directa de abordar los temas, su calidez humana, su nacionalidad, han hecho que los medios presten especial atención a lo que dice Francisco. “No deberíamos permitir que nuestra fe se disuelva en demasiadas discusiones sobre múltiples detalles poco importantes; al contrario, debemos tener siempre ante los ojos en primer lugar su grandeza. Recuerdo (…) [cuando] me pedían entrevistas y siempre me daban por anticipado las preguntas. Se trataba de la ordenación de mujeres, de la anticoncepción, del aborto y de otros problemas como estos. Si nos dejamos arrastrar por estas discusiones, entonces se identifica a la Iglesia con algunos mandamientos o prohibiciones (…) y la verdadera grandeza de la fe no se aprecia para nada”.

 

Se leen noticias, titulares y opiniones que afirman que Francisco ha venido a cambiar las cosas. La razón, dicen, es que Francisco se abre a todos. Francisco no juzga a nadie y centra su mensaje en el Evangelio: “No juzguen y no serán juzgados” (Lc 6, 36); “¿Nadie te ha condenado?… Pues yo tampoco te condeno, vete en paz y no vuelvas a pecar”. (Jn 8, 11). Francisco clama porque los hombres redescubramos la misericordia de Dios. Bajo este contexto, lucen estériles los debates sobre lo accesorio. Todo lo demás viene por añadidura.

 

Ante este impacto mediático, la reacción natural es que se resalten las diferencias entre Benedicto y Francisco. El mundo se maravilla y todos aplauden al Papa actual, mientras ven de reojo al anterior. Valdría aclarar en este punto que la cita del primer párrafo no es de Francisco. Es tomada de un discurso que Benedicto XVI pronunció hace siete años. Invito a releerla. El mensaje es el mismo. La diferencia parece ser la cobertura. Por años se ha distraído el debate. Se ha ocultado el mensaje central y se ha puesto de relieve lo accesorio, que no se entiende en sí mismo prescindiendo de lo principal. Pongamos cada cosa en su lugar y avancemos a partir de ahí.

 

 

 

 

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