Locura pública, locura privada

Alex Capriles M.

Alex Capriles M.

Axel Capriles M. 
@axelcapriles

 

La película de Thaelman es un film intimista que se aleja de la típica cinematografía nacional

 

Mi primera paciente, recién llegado a Caracas tras finalizar mis estudios de posgrado, fue una hermosa morena, muy joven y coqueta, que vivía barrio arriba en San Agustín del Sur. Su principal ambición era conseguir una pieza en el valle de Caracas. Quería mantener su virginidad y todas sus amigas en el barrio ya habían sido violadas.

 

Carlota Sosa en una escena de la película de Thaelman Urgelles, Los pájaros se van con la muerte

Carlota Sosa en una escena de la película de Thaelman Urgelles, Los pájaros se van con la muerte

Otro de mis primeros encuentros terapéuticos fue con una joven que había sido abusada por el amante de su mamá, con la anuencia de ésta. Como novel analista formado en Suiza, me encontré con una crudeza social insospechada y comencé a preguntarme cuál sería el efecto de la acumulación de traumas privados, de tantas imágenes intolerables, en la vida pública.

 

El estreno de la magnífica película de Thaelman Urgelles, Los pájaros se van con la muerte, me ha vuelto a traer la pregunta a la cabeza. Escondida en estados de posesión, dentro el culto de María Lionza, la psicosis se apodera del personaje femenino, representado magistralmente por Carlota Sosa, quien transfiere su locura, disocia y destruye a su hija. La película de Thaelman es un film intimista que se aleja de la típica cinematografía nacional sobre la delincuencia y la pobreza y, sin embargo, pareciera sumergirnos en el núcleo de las carencias con que el excluido se enfrenta a la locura.

 

La cobertura de psicosis e histerias disociativas con estados de posesión es frecuente, ocurrencia que no podemos subestimar cuando una de las características de la religiosidad popular es la proliferación de todo tipo de cultos y religiones extáticas, magia talismánica y prácticas mediumnísticas.

 

Los espíritus que nos poseen son portadores de complejos profundos. ¿Hasta qué punto, la posesión por los héroes muertos y el resentimiento que ha dominado la política en los últimos años no son, también, reflejos de las imágenes intolerables de todas esas violaciones y traumas? Cuando vemos las cifras de homicidio o escuchamos el discurso dominante, es difícil no sentir que hay algo muy loco en el presente que estamos viviendo.

 

 

 

 
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