Narco-estado y liderazgo

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo

Marcos Carrillo
mrcarrillop@gmail.com
@carrillomarcos

 

Al potrero en que se convirtió Venezuela se le seca el pasto y la maleza se lo traga. Drogas, terrorismo, corrupción y totalitarismo son las cuatro patas que sostienen la mesa que da de comer a los más oscuros intereses de la humanidad, que conviven -y son apadrinados- en el Estado venezolano.

 

No se trata de comulgar o no ideológicamente con quienes usurpan el poder (aunque no debe olvidarse que la izquierda radical desde hace décadas justifica y practica el terrorismo y el narcotráfico como formas de combatir al “Estado burgués” y el imperialismo yanqui). Se trata de tomar posición frente un gobierno que utiliza las instituciones para proteger los más despreciables ilícitos.

Machado - Lopez - Arria

Machado – Lopez – Arria

 

Cada semana que pasa se corre más el riesgo de que se utilice el país para llevar a cabo actos de terrorismo nacional e internacional. Cada día que pasa es un día que se les regala a los capos de la droga para que sigan llenando con sus fichas los más altos cargos públicos. Cada hora que pasa se sigue hipotecando el país para financiar torpeza y corrupción. Cada segundo que pasa se asfixian las más elementales libertades para oxigenar el totalitarismo.

 

Mientras no se asuma que esta es la realidad y que quienes “gobiernan” son enemigos de la democracia y defienden los intereses antes mencionados, no hay posibilidad alguna de tomar las decisiones políticas correctas para el retorno del país a la senda democrática. María Corina Machado y Leopoldo López en la MUD, y Diego Arria fuera de ella, han comprendido la gravedad del problema y han sostenido que es preciso organizar acciones concretas y contundentes de lucha no violenta, todas con sustento constitucional, para deponer este gobierno antes de que termine este período constitucional. La MUD debe respaldar sin ambigüedad las propuestas de estos líderes y si alguna reserva moral queda en la Fuerza Armada, deberá respaldar las acciones para el retorno de un gobierno democrático y civil.

 

Combatir la mafia gobernante no significa confrontar al pueblo llano que ha apoyado al régimen, por el contrario, es una forma de defenderlo. Un nuevo gobierno que sirva de soporte a la libertad creadora del ciudadano en lugar de castrarla, racionalice la economía, no apoye el crimen y restablezca las libertades, será bienvenido y respetado por la mayoría del país.

 

Esperar una implosión del gobierno es inútil e irresponsable. Mientras se le tenga miedo al poder de cambio que tienen los ciudadanos organizados y debidamente liderados seguiremos sometidos a la barbarie. El liderazgo no debe esperar montarse en una ola, debe producirla.

 

 

 
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