LA UNIDAD ES COSA NOSTRA

JESÚS HERAS –

Vinculado siempre al negocio inmobiliario, Miguel Cocchiola ha logrado amasar una de las fortunas más sólidas del país. Tanto, que hace siete u ocho años, decidió -pero a lo macho- invertir caudales para hacerse de una importante cuota de poder político en Carabobo.  

La inversión la inició con una portentosa campaña televisiva nacional, en la que aparecía su figura a viva voz, hablando apasionadamente de su fe en el porvenir de Venezuela. Pasados tres años, se lanzó a la alcaldía de Valencia e invirtió ingentes sumas para apartar del camino a adversarios que pudieran restarle votos. Y tuvo éxito.

 

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Nueve de los doce candidatos opositores terminaron respaldándolo, algo por demás inédito, mientras su mayor adversario opositor, Julio Castillo, entonces alcalde de Naguanagua y el único que lo aventajaba, era sacado de la contienda, apelando su comando (Castillo dixit) a recursos tribunalicios y a amañadas decisiones del CNE a los que solo se tiene acceso con fuertes desembolsos.

Cuando, pese a su inagotable inversión, Michelle, que ese es su nombre de pila, fue derrotado, su decisión, también tomada a lo macho, fue la de dar inicio a una campaña dirigida a desacreditar las figuras de Salas Römer y Paco Cabrera, aunque a decir verdad, con el desaparecido Paco ha sido más considerado, acusando a ambos de impedir su victoria por no haber retirado de la contienda a los candidatos de sus respectivos partidos.

Eso fue, recordemos, en 2008, cuando no existía la Mesa de la Unidad o se habían formulado normas que facilitaran la escogencia de candidatos unitarios. Irónicamente, hoy, cuando la Mesa si existe, y los partidos se han unido designándolo candidato unitario por consenso, tal parece que a Michelle esta Unidad ya no le sirve.

Tanto, que esta semana, en compañía del alcalde Scarano, con quien comparte la pasión inmobiliaria y alguito más, brindó respaldo por lo alto –vaya ironía- a los integrantes de una plancha de concejales que compite, óigase bien, compite con los candidatos de la MUD, es decir, con aquellos postulados precisamente por los partidos que a él lo favorecieron.

Nadie ignora las cualidades ciudadanas de la figura más visible de la plancha alterna, Gladys Valentiner, tampoco su prolongada carrera como concejal en la Comisión de Desarrollo Urbano y Ambiente del Concejo Municipal de Valencia. Pero, Michelle, la salsa que es buena para el pavo también es buena para la pava.

¿Qué propósitos puede estar persiguiendo Cocchiola, como candidato de la unidad, al desacatar las normas que prevalecen en la Mesa de la Unidad? Difícil es precisarlo.

Lo que tal vez lo que Michelle no ha medido es que al restarle votos a los candidatos de la MUD, favoreciendo a sus contrapartes oficialistas, quizás, o quizás más que quizás, pueda generar un desgano que a la postre conduzca, ¡oh Mamma mía! a una nueva derrota suya.

 
Jesús HerasNo photo

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